Ossa 230, campeonando las 24 h de Montjuic

La década de los 50’s fue toda una sorpresa económica, un milagro de una España que, contrapronóstico, lograba sacar la cabeza tras una dura y larga etapa de hambruna y miseria. En 1959 el gobierno franquista aprobaba los planes de Estabilización, el turismo se asomaba sin importarle mucho la dictadura y SEAT sacaba para el pueblo el “600”, un coche utilitario que acabaría con la mayoría de microcoches como  “Biscuter”, “Huevo” y aparatos como triciclos y sidecares que habían sido lo común para la movilidad, el transporte de mercancía mudanzass y lo que hiciese falta en el día a día.

Pero el conocido como “Seilla”, “Ombligo”…, también revolucionaria el panorama motorista, obligando a las marcas hispanas a reinventarse. Los ciclomotores y las motos utilitarias seguían siendo una alternativa para los que no podían hacerse con un pequeño utilitario, pero una clase media emergente y motera anhelaba motos más potentes, más deportivas y capaces con las que rodar por carretera marcándose trazadas alegres, divirtiéndose.

El año 1966 fue un año motero excepcional, el año del cambio para las marcas de motos barcelonesas que se sintonizaron para lanzar al mercado los modelos deportivos de 250 cc. Montesa, que había tocado el cielo con su Impala 175cc Sport sacó la Sport 250. Bultaco, que ya tenía su cotizada Metralla 200, lanzó la deseada Metralla 250 Mk2 con cinco marchas. Mototrans no se quedó atrás y puso su 250 4T más racer derivada de su prima italiana, la mítica 24 horas. Y OSSA, que andaba ya pensando seriamente lo de meter rueda en competición, puso en el mercado, para relevar a su 175 Sport de 1963, a nuestra protagonista de hoy, la Ossa 230 que ofrecía, según la marca unos 25 CV con sus cuatro velocidades.

Ossa había tomado nota sobre como Montesa y Bultaco habían utilizado las carreras para la creación de imagen de marca y también para el desarrollo de nuevos productos. Y tardó poco  en meterse entre ceja y ceja ganar las 24 horas Montjuic, la carrera de las carreras en Barcelona y punto de inflexión para hacerse con hueco en el mercado nacional de los años sesenta.

Uno de los mejores ingenieros y preparadores de nuestra historia e hijo del fundador de OSSA, Eduard Giró, partió de este modelo de calle parar preparar la Ossa 230 Sport que competiría en la edición de 1967 y hacer historia.

Algo rebajada de peso y apretada hasta los 30 CV fue suficiente para enredar a su primo,  Carles Giró y, al primo de este, Luis Yglesias, para que la pilotasen por el mítico circuito, a maneta partida contra las Montesas 250 Sport que el año anterior había logrado las dos primeras posiciones de la prueba.

Un caluroso 8 de julio empezó la carrera en la que la reputada fiabilidad de Ossa le permitió dar 662 vueltas al circuito urbano barcelonés para lograr la victoria al día siguiente. Fue la primera y única para la marca del trébol y, también, la última vez que una moto de 250 cc lo lograse. Pere Millet y José Mª Palomo también metieron a la otra Ossa 230 en el tercer puesto de la general, justo detrás de la Triumph pilotada por los británicos Dixon y Andrew. Las Montesa solo pudieron conquistar la cuarta plaza.

Aquel joven Eduard Giró, que había sacado su doctorado en ingeniería en 1964, se convirtió en el nuevo líder de Ossa y cuajaría como uno de los mejores técnicos que ha dado este país. La marca se transformó y conquistó corazones moteros más allá de los pirineos donde todavía hoy conserva multitud de incondicionales.

En aquella España que ya se dividía entre montesistas y bultaquistas, apareció una alternativa para apartarse de las mayorías y conquistar corazones moteros con sangre racer.  Y la Ossa 230 tuvo mucha culpa.

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