Mortadelo y Filemón, más que Bruguera

Pocas veces un producto logra superar a la marca y convertirse en marca de referencia, Cacaolat, Danone, Bamba…ejemplos hay y Mortadelo y Filemón, personajes del cómic nacidos en Barcelona, cristalizaron en míticos, en leyenda viva.

Empezaban los felices 20 del pasado siglo y Barcelona andaba ya enredada en una revolución industrial que iba mucho más allá del primitivo textil. Sant Martí se había convertido en el gran distrito industrial y concentraba ya casi el 50% de las empresas, superando al núcleo antiguo junto al puerto que todavía mantenía sobre un 30 %.

Las artes gráficas se expandían por los alrededores de la Universidad configurando un auténtico ecosistema editorial en el ensanche barcelonés. Diarios como EL GRÁFICO (1921), PUBLICITAT (1922) o XUT! (1922) derrochaban nueva tinta para contar al ciudadano lo que pasaba en la ciudad y en el mundo, sumándose a publicaciones tan prestigiosas como el Diario de Barcelona, que empezó a editarse en 1792 y, con alguna que otra interrupción, se mantuvo hasta 2009. Pero eso es otra historia.

El mundo de la literatura popular y el entretenimiento también tenía su espacio y, desde 1910, BRUGUERA, editorial especializada, tocó la gloria con sus historietas para niños y no tan niños como TBO y Pulgarcito. Fue fundada por el inquieto Juan Bruguera Teixidó, que ya había fundado El Gato Negro, en enero de 1882. Y Pulgarcito, que nació con solo ocho páginas, la mitad a color y costaba cinco céntimos de peseta, se convirtió en el periódico de los niños, con aventuras, cuentos y entretenimientos varios, como cromos y recortables y tal. En un par de meses ya contaba con 50 mil lectores y fue incorporando historietas de Carpanta, Las hermanas Gilda, La familia Cebolleta o Zipi y Zape.

En 1933, murió Joan Bruguera Teixidó, y El Gato Negro pasa a manos de sus hijos, siendo intervenida, como tantas otras, durante la Guerra Civil. Fue en la postguerra cuando su hijo Francisco Bruguera Grané cambió definitivamente el nombre de la editorial, pasando a ser formalmente Editorial Bruguera. En los 70, Bruguera, multiplicó su producción de tebeos hasta disolverse en 1986 y volver a relanzarse, en 2006, como sello editorial dentro del Grupo Zeta.

Mortadelo y Filemón, los personajes desarrollados por Francisco Ibañez durante más de 60 años, nacieron como historietas cortas, pero se fueron convirtiendo en auténtica Historia de este país a partir de 1969, cuando salieron sus historias en formato largo de 44 páginas y tomando, progresivamente, como centro de interés los principales acontecimientos que se iban sucediendo.

En aquel año 1969, los cómicos detectives ingresaron en la distópica agencia T.I.A. incorporando a personajes como el “Superintendente Vicente” o el “Profesor Bacterio” y, en clara referencia a la C.I.A., se fueron metiendo en historias de espías muy de la época, aunque con un claro referente “El Superagente 86”, serie de la época que caricaturizaba al afamado James Bond de manera sublime.

Ibáñez, nacido en Barcelona en marzo del 36, es un tipo dotado para el detalle y el dibujo como pocos. Se dedicaba a temas de cartera y riesgos de la banca, compaginando su aburrido día a día con su pasión por el lápiz. Pero pronto empezó a ganar más con lo segundo y empezó a colaborar en publicaciones de la Editorial Marco, además de enrolarse en la plantilla de Paseo infantil donde creó series como Pepe Roña. Tardó poco en fichar por la potente Bruguera, que necesitaba talento tras la fuga de sus principales plumas a Tio Vivo y, tras poco más de un año de chistes y chascarrillos varios, firmó en exclusiva para publicar su primera entrega de Mortadelo y Filemón en 1958.

En un principio, Mortadelo y Filemón, Agencia de Información, era una especie de parodia de Sherlock Holmes y el Dr. Watson y los personajes vestían en clara referencia a los populares detectives de Arthur Conan Doyle. La ficticia empresa contaba con el jefe, un tipo iracundo e incompetente con dos pelos y su único empleado, Mortadelo, un tipo sin sentido común alguno y entregado a disfrazarse a la menor oportunidad. Pero los personajes fueron evolucionando al tiempo que Ibáñez iba depurando su técnica, explotando su enorme talento tocado por influencias de la escuela franco-belga, especialmente de Franquin.

De un planteamiento sencillo en el que ocurría un desenlace al final tras un equívoco o lío planteado al principio, Ibáñez pasó a convertir cada viñeta en un auténtico gag, utilizando múltiples recursos humorísticos de forma continua: parodias, juegos de palabras, bromas visuales, enredos absurdos… Cada viñeta era un derroche de calidad y entretenimiento como ningún otro cómic de nuestra infancia, luego adolescencia, madurez y tercera edad, porque, los que peinamos canas ya jubiladas, seguimos leyendo Mortadelos tan fascinados como hace más de medio siglo.

La primera historia larga, oro para coleccionistas, fue “El sulfato atómico” publicada en la revista Gran Pulgarcito, en enero de 1969, a la que siguieron ​ “Contra el «gang» del chicharrón”, “Safari callejero” “Valor y ¡al toro!”…, una etapa denominada clásica que llegó hasta mediados de los 70’s, según los motadelófilos. Hubo otros ilustres personajes de Ibáñez, como Pepe Gotera y Otilio, Rompetechos… Pero sí, aunque también geniales, son otras historietas.

Hasta finales de los 80’s los expertos la denominan la etapa madura. A parte de los cambios evolutivos, que los hay, en esta etapa Ibáñez llega a perder, entre 1986 y 1987, los derechos de publicación de sus personajes que habían sido registrados por la editorial Bruguera. La editorial contrató a otros dibujantes/autores para producir varias historias de los ya famosos personajes. En los 90’s Ibáñez recupera los derechos sobre sus hijos de ficción, pero continúa publicando algunas historias apócrifas con algunos colaboradores. En esta etapa más contemporánea es en la que los guiones empiezan a estar directamente relacionados con los acontecimientos de la actualidad como las olimpiadas…

A partir del año 1996, las historietas son editadas directamente en formato álbum, alcanzándose el punto culminante de perfección gráfica, gran calidad de color y edición, personajes con extremo detalle y muy expresivos…, pero acentuando esa conexión con la realidad que acontece en las historias y aventuras de los ya famosos personajes, como la llegada del euro a la Unión Europea, la crisis económica de 2008 o “Los papeles de Bárcenas” como reflejo de la profunda crisis de corrupción de la política española.

Mortadelo y Filemón ha sido el cómic con el que muchas generaciones han aprendido a leer, no había casa por la que no rodase un Mortadelo. A día de hoy, se han publicado más de 200 historias largas y no conozco autor que, como Ibáñez, se haya mantenido en la brecha más de 65 años, un récord probablemente inalcanzable para cualquier otro dibujante en el mundo mundial que ha sabido mantener entretenida generación tras generación.

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