La Perestroika de Gorbachov

Mijaíl Gorbachov ha sido uno de los políticos más influyentes del pasado siglo XX, quizás por ello le concedieron el Premio Nobel de la paz en 1990, considerándolo el auténtico artífice del final de la guerra fría y la escalada armamentística que se inició con el final de la segunda Guerra Mundial dividiendo al mundo en dos bloques, el capitalista y el comunista, para llevarnos un escenario distópico hacia el suicidio colectivo.

Nos dejó en agosto de este 2022, cuando el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, se enredaba y nos enredaba a todos en la guerra de Ucrania buscando recuperar sus conspiradores sueños de una gran Rusia perdida con la caída y ejecución de los Romanov a manos de los partidarios bolcheviques, protagonistas de la revolución rusa de 1917.

Gorbachov ascendió al poder como Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1985. Tres años después, en 1988 ya era el Jefe de Estado de la Unión Soviética, hasta 1991, año en el que cesó en ambos cargos tras haber cambiado el mapa de Europa, la geopolítica mundial e iniciado un proceso de transformación radical que llevaría a Rusia a una economía de mercado y una democracia incipiente de complicada consolidación.

A diferencia de la espectacular campaña mediática que recibió la Reina Isabel, personaje que se caracterizó por su irrelevancia política, Mijail apenas ocupó un pequeño espacio en los informativos y periódicos, aunque su huella en la historia sea de las más significadas entre las que supusieron cambios de los grandes. Más aún, con la llegada de Putin al poder, su figura ha sido denostada y ha sido acusado de ser uno de los grandes traidores de esa Rusia trasnochada y obsoleta que los radicales actuales, con Putin a la cabeza, buscan resucitar.

Stalin, que estuvo entre los revolucionarios bolcheviques, fue acaparando cada vez más poder tras la muerte de Vladímir Lenin en 1924, laminando a todos los grupos opositores dentro del Partido Comunista hasta llegar a la cúpula tras liquidar a Lev Kámenev y Grigori Zinóviev con quienes compartía poder en el Partido Comunista. En 1940 mandó ejecutar a Trotski en Méjico y, al año siguiente fue nombrado presidente del Consejo de ministros de la Unión Soviética, cargo que ocupó hasta prácticamente su muerte en 1953. Si Lenin aplicó un manual de instrucciones erróneo del Marxismo, lo de Stalin fue un total despropósito plagado de ejecuciones, torturas y persecuciones que sembró de muerte y terror toda su trayectoria.

Stalin reemplazó la Nueva Política Económica de la década de 1920 por una economía planificada muy centralizada y por planes quinquenales que propiciaron una rápida industrialización y una colectivización económica en el campo que colocó a la Unión Soviética como gran potencia industrial y segunda mayor economía del mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Y le sobraba tiempo para deportar a los millones de opositores a campos de trabajo del Gulag y exigir cuotas de fusilados a las regiones.

Stalin pretendía un fuerte aumento de la influencia comunista, especialmente en Europa, lo que provocó serio desgaste con sus exaliados y el inicio de un prolongado período de tensión y desconfianza y escalada nuclear conocido como la Guerra Fría. En Asía, el Ejército Rojo había ocupado gran parte del territorio antes ocupado por los países occidentales y con la llegada al poder de Mao Zedong al Partido Comunista de China y la derrota del prooccidental Partido Nacionalista Chino en la guerra civil, las relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética y China alcanzarían un hito con la firma del Tratado de Amistad y Alianza en 1950. Después proporcionaron apoyo militar a un nuevo Estado en Corea del Norte y provocaron la guerra con EEUU y sus aliados de Corea del Sur. Sí, otra historia, pero el mundo quedó literalmente dividido en dos grandes bloques armándose hasta los dientes.

Con la muerte del dictador Stalin, en 1953, se sucedieron varios lideres, el primero, Nikita Jruschov, inició un proceso de desestalinización denunciando los crímenes cometidos por Stalin hasta la llegada al poder de Leónidas Brézhnev, quién llevó a cabo diversos experimentos económicos como la organización de empresas comerciales, la asociación con empresas occidentales…, para intentar superar el estancamiento económico que se había perpetuado en una Unión Soviética incapaz de seguir el ritmo de los tiempos.

Los debates reformistas y los líderes más tecnócratas, hombres de negocio y políticos poscomunistas, fueron creando un clima más receptivo para Gorbachov, sucesor de Brézhnev, quién, al principio, llamó al proceso de cambio “Aceleración”, una misión enorme y complicada que acabaría conociéndose como “Perestroika”. Ucrania, Estonia, Lituania, Letonia… fueron independizándose mientras en Europa se desmontaban países como Checoslovaquia o Yugoslavia en la que el proceso adquirió tintes de lo más dramático. Las resistencias internas tampoco fueron mancas y un grupo de miembros del Gobierno junto al Comité de Seguridad del Estado (KGB), intentó un golpe de Estado para derrocar a Gorbachov y restablecer el autoritarismo perdido, en agosto de 1991.

La perestroika (reconstrucción) fue una enorme transición de liberalización y apertura económica (glásnost), de transparencia política y reducción de la maquinaria gubernamental sobre las actividades privadas… Sus radicales reformas fueron anunciadas en el XXVII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1986 y algún incauto incidente ayudó lo suyo, como el del joven Mathias Rust que, en una avioneta Cessna 172, voló desde la Alemania Occidental hasta Moscú, atravesando las fronteras soviéticas sin ser detectado y aterrizando en la mismísima Plaza Roja para vergüenza de los militares soviéticos y la oportunidad de Gorbachov para renovar a prácticamente toda la cúpula militar.

Con la caída de la URSS en 1991, Los cambios supusieron una transformación geopolítica mundial y, especialmente, para millones de personas en Europa y en muchos rincones del mundo mundial que se vieron desafectados por el fin de la bipolaridad que dejaba a EEUU como única superpotencia mundial y a decenas de países huérfanos del apoyo soviético y abocados a la difícil misión de encontrar un lugar en la nueva configuración mundial.

Millones de ciudadanos de la antigua Unión Soviética estaban a mil kilómetros de sentirse cómodos con la liberalización económica. Perdieron sus ahorros a causa de una inflación galopante que multiplicó por diez los precios de los productos y bienes, la delincuencia y el desempleo aumentaron, los atrasos salariales se convirtieron en lo normal… Pero con la caída del telón de acero, millones de personas tuvieron la oportunidad de viajar y trasladarse permanentemente a otros países, al tiempo que los ciudadanos de los países capitalistas pudieron ir a la antigua Unión Soviética como turistas o empresarios. La libertad de expresión fue otra conquista celebrada, se abolió la censura estatal y surgieron medios de comunicación independientes para dar acceso a la información de todo tipo, se liberó la expresión artística de la represión estatal…

La caída del muro de Berlín en 1989 implicó la reunificación europea, pero también la permeabilización de las fronteras, iniciándose el fenómeno conocido como globalización, un nuevo periodo en el que el capitalismo desatado, encabezado por las principales multinacionales del planeta, fue apoderándose del control para instaurar una nueva dictadura empresarial. La consolidación de internet y la llegada, en los 90, de las grandes digitales, Microsoft, Apple, Google… marcaría otro hito en un mundo en el que las personas empezamos a convertirnos en mercancía y nuestros representantes políticos un poco más irrelevantes cada día, Pero sí, es otra historia.

La reconstrucción económica acabaría siendo un fracaso de Gorbachov que no pudo sacar a la economía rusa del tremendo caos y el anquilosamiento forjado durante décadas. La decepción se sumó a la tensión social, pese a que la liberalización de los precios había empezado a resolver el problema de la escasez de bienes comunes y las estanterías de las tiendas volvían a llenarse de productos, muchos extranjeros, como las grandes empresas occidentales que no perdieron oportunidad para meterse en el nuevo mercado. Marcas como Coca-Cola, McDonald’s, IKEA y demás instalaron sus rótulos corporativos en las principales ciudades al tiempo que la privatización de las antiguas empresas estatales rusas, en nombre de la eficiencia, creaba una nueva élite, una oligarquía de amigos y familiares próximos al nuevo poder político que se acentuó al máximo con la llegada de Putin al poder.

Motomorfosis, que persigue las historias de cambio más relevantes, ha querido cerrar este año 2022 con el homenaje a la figura de Mijaíl Gorbachov, un grande entre los grandes, uno de los pocos políticos capaz de transformar el mundo con sus ideas y su ejemplo. Aunque ya sabes, el cambio es un péndulo caprichoso, luego llegó Putin y las libertades recién brotadas fueron podadas con autoritarias tijeras convirtiendo a Rusia en un país gamberro y peligrosamente superdotado de armas nucleares. Pero sí, eso es también otra historia.

Disfruta las fiestas y espero que sigamos en contacto el próximo año 2023.

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