Triumph, la saga TR

Empezaba la década de los 50’s y el Triumph Roadster era a todas luces obsoleto. Sir John Black, director de Triumph, que había intentado hacerse con la Morgan Motor Company, tuvo que ponerse las pilas y promover un deportivo propio, un dos plazas asequible que partiría de bastidor del Standard Eight, así nació el Triumph 20TS para ser presentado en el Salón del Motor de Londres de 1952. Hoy se conoce como el TR1.

Las pruebas, con el piloto Ken Richardson al volante, merecieron el calificativo de “trampa mortal” y, al año siguiente, en el Salón del Automóvil de Ginebra, se presentaba el TR2, un poco más ancho, un poco más largo y bastante más exitoso, especialmente en el mercado norteamericano, lo que supuso una buena fuente de ingresos para Triumph y un prestigio importante en el segmento de los deportivos con 8.636 unidades producidas.

Equipado con el motor Standard Vanguard de cuatro cilindros y 1991 cc y cuatro velocidades, montaba un carburador SU gemelo tipo H4 con el que alcanzaba los 90 HP sobre un bastidor con suspensión independiente en la parte delantera, por resortes helicoidales y amortiguadores de tubo, barra estabilizadora opcional y eje rígido con ballestas en la parte trasera y frenos de tambor Lockheed.

En 1955 se lanzó el TR3, equipado con carburadores algo más grandes, una línea rediseñada y una versión GT que incluía un techo rígido de fábrica y se convertiría en uno de los deportivos británicos objeto de deseo del que se construyeron, hasta 1962, 74.800 unidades en todas las variantes producidas en la Standard-Triumph Motor Company en Coventry, Inglaterra.

Para evolucionar al buen TR2 mejoraron algo la potencia y la frenada y, en 1957 y 1962, lanzaron las variantes «TR3A», el más vendido (58.236 unidades)  y «TR3B» respectivamente, con culatas de “puerto alto” y colectores de mayor diámetro. El TR4 de 1961, de mecánica muy similar, sería su sustituto en la nueva década de los 60’s, para el que contrataron al estilista italiano Giovanni Michelotti quién le dio un toque de diseño a la nueva carrocería.

Nuestro protagonista de hoy, el TR3 fue uno de los modelos más vendidos, solo superado por el TR6 (94.500) unidades y el campeón, el TR7 (111.500 unidades). Montaba unas ventanas laterales de plexiglás extraíbles y su imagen derivó en icono de los Roadster deportivos biplaza de puertas muy bajas, ruedas de 48 radios y 15 pulgadas pintadas del color de la carrocería o en acabados cromo mate y cromo brillante. Excepto en el modelo GT, el techo rígido de acero atornillado era opcional, pero con el clima inglés era más que recomendable adquirirlo.

Las unidades de 1956 ya venían equipadas con frenos delanteros de disco, algo que ocurría por primera vez en un automóvil de producción en serie británico. Aunque su peso era mayor que el del Morgan 4, con el que compartía motor, o el Porsche 356, era el más potente de todos, incluido el Sunbeam Alpine.

La marca de Coventry no dudó en meterlo en todo tipo de pruebas en Europa y Norteamérica, enredándose en rallyes RAC, Monte Carlo, Circuito de Irlanda, Alpine, Lieja-Roma-Lieja, International Tulip, Scheveningen-Luxemburgo, Tour de Francia, Douze Heures de Huy, Lyon-Charbonnieres, Acrópolis…, logrando numerosas victorias absolutas, por equipos y de clase, incluidos seis premios «Coupes des Alpes». También compitió en pruebas de montaña como Ollon Villars y Eberbach Bergrennen, hasta en carreras de resistencia como las 12 Horas de Sebring y las Mille Miglia. El «TR3A» se ve a menudo en las carreras de época, a pesar de tener más de 50 años sigue siendo competitivo en la clase de producción E del SCCA (Sports Car Club of America).

Desde el TR2, opcionalmente podían montarse las ruedas de radios y una superdirecta, una unidad de sobremarcha en las tres relaciones superiores que se controlaba eléctricamente por un interruptor en el tablero. Pero lo de tunear el vehículo ya empezaba a ser todo un negocio y tanto Triumph como los distribuidores locales empezaron a ofrecer, especialmente a partir de 1959, todo un arsenal de accesorios opcionales para los entusiastas de la competición y la personalización: Ruedas de 60 radios, asiento trasero uso ocasional, radio con botón pulsador, calefacción interior, tapicería de cuero, lavaparabrisas, cárter de aluminio fundido, motor de 2138 cc, tambores de freno de aluminio, faros antiniebla…

Si buscas una de estas joyas TR en el mercado de clásicos tendrás que estar muy atento, no solo al modelo y año, también a los extras que lleve incorporados, pues su valor podría ser adicionalmente muy significativo. Para que te hagas una idea, buceando por los mares de internet, he encontrado esta unidad de 1959 con algunos extras que se vende por unos 45 mil euros, aunque por 25 mil quizás puedas encontrar alguno menos glamuroso.

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