La máquina del tiempo

Si vas siguiendo este blog, en su apartado de Historia, sabrás que los investigadores, paleontólogos y arqueólogos, han probado que los Homo sapiens, el humano anatómicamente moderno, apareció por primera vez en África hace aproximadamente 300.000 años y hace unos 70.000 años decidieron emigrar de África a Oriente Medio para, desde allí, extenderse al resto del mundo mundial.

En Europa se encontraron con sus parientes cercanos, los neandertales que habían llegado ya Europa y Asia occidental, también desde África, hace unos 400.000 años. Se extinguieron definitivamente hace solo unos 30 mil años, pero homo sapiens y neandertales coexistieron en amplias zonas de Eurasia durante decenas de miles de años, y tuvieron más que palabras entre ellos.

Un tipo excepcional, un científico de nuestra época, ha sido capaz de casar la biología molecular con la arqueología y la paleoantropología para darnos más pistas sobre lo que pasó en aquellos lejanos tiempos. A finales de los 90’s ya se había secuenciado casi todo el genoma humano, sin embargo, estudiar la relación entre los humanos actuales y los neandertales extintos requerirían la secuenciación del ADN genómico recuperado de especímenes arcaicos, además de una potencia de procesamiento que la tecnología nos ha ofrecido con rapidez.

El tipo en cuestión se llama Svante Pääbo y sus técnicas de análisis genético le permitieron publicar el ADN más antiguo jamás recuperado de un fósil, el de un mamut que vivió hace más de un millón de años. Luego se enredó con la genética de los homínidos de la sima de los Huesos de Atapuerca que vivieron hace 400.000 años y la de caballos de hace 700.000 años. Sus resultados nos dejaron ojipláticos.

En 2010 se publicó el genoma completo de los neandertales, demostrando que tenían la capacidad de hablar y que solo un 5% de nuestros genes homo sapiens nos diferencia de los neandertales. Pero lo más sorprendente, quizás, es que ha permitido, cual máquina del tiempo, identificar relaciones entre homínidos o la desaparición de poblaciones en distintos momentos de la prehistoria. También nos descubrió la existencia de otras nuevas especies de homínidos, como los denisovanos.

El análisis de ADN realizado de 17 individuos neandertales entre los 52.000 y los 59.000 años procedentes de dos cuevas siberianas, ubicadas en las localidades rusas de Chagyrskaya y Okladnikov, desvela que vivían en pequeños grupos de 10 o 20 miembros, que tenían relaciones sexuales entre familiares y que su diversidad genética era, por tanto, muy reducida. De los restos de animales que encontraron, dedujeron que se alimentaban de bisontes y cabras montesas que cocinaban con carbón.

    Los Homo sapiens, que en esto del sexo somos de los más diligentes, tuvimos hijos, de forma reiterada, con neandertales y denisovanos, durante miles de años. El genoma denisovano, obtenido a partir de un dedo meñique de una niña que vivió en Siberia hace unos 50.000 años, desveló que tuvieron descendencia con los sapiens y que les pasaron genes claves que nos permiten vivir a gran altitud. Todos los humanos de fuera de África llevamos un pequeño porcentaje de ADN neandertal y nos dejaron, por ejemplo, , una mayor sensibilidad al sol, mayor tendencia a la depresión o algunos genes que mejoran el funcionamiento de nuestro sistema inmune, aunque en algunos casos, como en la Covid, nos perjudican.

    A Svante Pääbo le han dado el Premio Nobel de este año y es un hombre de nuestros tiempos modernos y revueltos. Nació en Estocolmo, en abril de 1955, hijo del también Premio Nobel de 1982 Sune K. Bergström que dejó embarazada a una química que trabajaba para él. Como ya estaba casado y con otro hijo, el pequeño Svante creció huérfano de padre, aunque lo vístase algún que otro fin de semana.

    Quizás por eso o poque es un tipo singular, Pääbo ha destacado por ser uno de los pocos científicos de su talla abiertamente bisexual y comprometido con el activismo LGBTI. Se enrolló con la esposa de un estrecho colaborador y acabó casándose con ella y teniendo un hijo que tiene todos los genes e historia para llegar a Premio Nobel en unos 40 años.

    Ya ves, las historias de la ciencia son como la vida misma. Ahora resulta que si sapiens, neandertales y denisovanos se reprodujeron sexualmente, también denisovanos y neandertales tuvieron hijos entre sí, entonces somos la misma especie, entendida como organismos que se pueden entrecruzar y tener descendencia fértil. De momento, parece que habrá que esperar a que exista una definición universal de especie. Así están las cosas.

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