La ira y la pequeña ventana de oportunidad

La guerra de Ucrania nos ha metido en la enésima crisis, una crisis que como siempre recae en los más débiles que se enfrentan de golpe a la subida de precios de la cesta de la compra, la energía por las nuebes, la hipoteca… Mientras, en el lado de los poderosos las grandes compañías de los combustibles fósiles se están forrando literalmente con el conflicto bélico. Y no son las únicas.

La guerra en sí es un proceso que consume energía fósil por un tubo, para mover tropas, bombas y logística contribuyendo sensiblemente al calentamiento global que, por si fuera poco, se ha acentuado con el sabotaje a los gasoductos Nord Stream con la liberación masiva de gases efectos invernadero a la atmosfera. Además, con las restricciones del petróleo y gas rusos se han activado centrales térmicas que ya estaban caducadas para abastecer de energía a muchos países europeos a los que nos espera un duro invierno y una ralentización económica galopante.

Como China, EEUU y la Gran Bretaña no quieren que la guerra se detenga y juegan en contra de un proceso de negociación. Los intereses son geopolíticos, no solo implica un enorme desgaste para Rusia, también para Europa que es un serio competidor económico. Pero cada día que pasa el gobierno de Moscú sube un peldaño en la escalada armamentística y las bombas atómicas están más y más cerca de meternos a todos en un verdadero infierno nuclear.

El encadenamiento de crisis tras crisis ha ido dejando cada vez a más gente en la cuneta de la miseria, indignados y muy cabreados no solo con los políticos sino con todo el sistema. Desde los 80’s con el giro de la economía hacia un neoliberalismo salvaje, el dinero se ha acumulado en muy pocos bolsillos mientras las clases trabajadoras y medias han visto deteriorarse su poder adquisitivo para, en no pocos casos, llegar a la pobreza cargados de rabia, cabreados con el sistema. No solo los que han perdido el empleo o su casa, también muchos que trabajan para seguir siendo pobres como las ratas.

Este resentimiento se ha ido extendiendo hacia la clase política tradicional y las instituciones abriendo oportunidades a políticos demagogos y populistas que han ido escalando posiciones y cuota de poder en todos los países europeos. Hartos de tanta corrupción, mentiras e incompetencia, los votantes han ido migrando a partidos y políticos extremistas, derecha radical, extrema derecha… La mayoría no comulgan con sus posiciones fascistas o xenófobas, pero van contra el sistema podrido que los oprime. ¡A ver si peta todo!

La inestable y fragmentada Italia, que ha encadenado más de 60 gobiernos desde la segunda Guerra Mundial, ha sido la primera de las grandes economías cuyo gobierno ha caído en manos de la extrema derecha populista, siguiendo los pasos de Hungría y Polonia. Aunque también son partidos de gobierno en Suiza, Suecia, Eslovenia, y Austria y han estado a punto de meterse en el de Francia. Una tendencia hacia lo local y distópico que, aunque todavía solo representan el 17% del voto total de la Unión Europea, parece imparable y para nada nos dirige al camino de las soluciones para los enormes problemas globales que nos amenazan.

De poco sirve correr agitando los brazos al grito de apocalipsis total, hay que ser optimistas porque la esperanza es lo último que se pierde y porque sería imposible una vida más o menos feliz pensando que todo está perdido y que no vamos a ser capaces de frenar antes de llegar al punto de no retorno. Pero lo que sí es cierto es que la ventana de oportunidad para detener el deterioro climático y el agotamiento de los recursos, para hacer un mundo más justo y mejor repartido, para solucionar los conflictos sin amenazarnos con bombas atómicas… es más pequeña cada día que pasa.

Los milmillonarios, los políticos que medran a su alrededor y los poderosos en general tampoco podrán sobrevivir en un mundo arrasado por armas nucleares, desbastado por el calentamiento global, agotado de recursos por una industria insaciable que envenena el planeta… Algunos hablan ya del fin de la abundancia, de la conclusión del modelo capitalista descontrolado, del crecimiento y el consumismo hasta el infinito y más allá…, pero todavía se antoja lejana una reacción globalmente responsable, se sigue persistiendo en la defensa de los intereses y posiciones parciales, pero el reloj corre que se las pela.

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