Las 24 horas de Barcelona

Este fin de semana, en el circuito de Barcelona-Catalunya, en Montmeló, tienes un evento motorista de los buenos, de los que hay pocos. Porque 24 horas seguidas dándole al mango es algo grande que se da en muy pocas ciudades. Con estas 24h de Catalunya de Motociclismo se cumple la 27ª edición de la prueba, con 54 equipos inscritos, 214 pilotos y 6 marcas distintas de motos homologadas de serie, para que puedas disfrutar desde el sábado a las 9:30 hasta el domingo al mediodía, con acceso al paddock, oliendo a gasolina, casi tocando las motos…Y por solo 10 euros, que tal y como está la inflación se antoja un regalo.

La historia, que tiene solera, empezó con la Penya Motorista Barcelona, que existía desde 1947, cuando se inició en la organización de competiciones motociclistas con la Matinal Pro-Hospitales (07/03/48). Pronto organizaría una de las clásicas, la Subida en cuesta a la Rabassada (1949) o la Prova de Regularitat Barcelona-Tarragona en el mismo año… Había que dejar atrás la Guerra y cuanto más rápido mejor.

En 1955 decidió enredarse en la organización de carreras de resistencia, o lo que es lo mismo carreras de velocidad de larga duración en las que tanto pilotos, marcas y motocicletas ponían a prueba todo su potencial, físico, mental, mecánico y organizativo. La Penya Motorista eligió, quizás no podía ser de otra manera, la montaña mágica barcelonesa como el escenario para dar a luz a la carrera que se convertiría en la más emblemática de la ciudad condal y motera, las 24 horas de Barcelona.

El ideólogo del evento no podía ser otro que Francesc Xavier Bultó, un tipo que se tapaba con la bandera a cuadros para dormir bebía carajillos de gasolina y respiraba competición por todos sus poros. Seguidor incondicional de las 24 Horas de Le Mans, acabó por enredar a Marià Cugueró, presidente de la Penya entonces, quien, con su experimentado e incansable equipo, pergeñó el primer reglamento​ y diseñaron el trazado por donde discurriría el circuito para que, el 3 de julio de 1955, la bandera a cuadros iniciase la aventura, con Enrique L. Massé como director de carrera y 45 equipos participantes.

Con equipos formados por dos pilotos, las motocicletas debían ser de serie. Cada piloto tenía que pilotar un mínimo de seis horas durante la carrera, pero no podían estar sobre la moto más de seis horas seguidas. Se permitían reparaciones durante la carrera, por lo que se autorizaba a disponer en boxes de un mecánico junto al encargado de aprovisionamiento y el delegado del equipo. Las marcas barcelonesas eran mayoría absoluta, claro.

Con las motos paradas a un lado de la salida y los pilotos en posición de preparados, listos, ya, al más puro estilo Le Mans, las cinco categorías corrieron hacia el triunfo. Hasta 100cc, la pequeña categoría, fue dominada por la Moto Guzzi Hispania pilotada por U. Ferrari y J. Varadé, logrando dar 411 vueltas, unos 1.559 km.

Salida tipo Le Mans, 1955

Juan Soler Bultó y Josep Maria Llobet, «Turuta», ganaron la categoría 125 cc y se proclamaron vencedores de la general con una Montesa Brío, prácticamente de serie, con la que dieron 510 vueltas al circuito, recorriendo 1.935,922 km, dejando el segundo lugar de la general a la otra Brio pilotada por Grace y González.

En la categoría de 250 cc, R. Montaner y J. Górriz llevaron su Clúa al podio completando 473 vueltas. Mientras en la de 350 cc, la Sanglas de Espiell y Salas se llevaba el trofeo con 430 vueltas. En la máxima categoría, 500 cc, Boy y Julià conquistaban el primer lugar para su Triumph que a la postre les daba la tercera posición en la General con 494 vueltas al circuito.

Así, aquel 4 de julio de 1955, exhaustos, repartiendo trofeos y felicitándose por el éxito de la prueba, organizadores, equipos y pilotos, algo menos de 300 personas, habían puesto en marcha una carrera que los barcelonenses vivirían apasionadamente durante tres décadas y un año. Un mal año en el que Mingo Parés perdió la vida, 1986, para cerrar definitivamente el circuito que había acogido pruebas nacionales, europeas y mundiales, por el que acabarían pasando las más prestigiosas marcas y los mejores pilotos del mundo mundial.

Anécdotas las que quieras: El primer equipo de fuera que logró el triunfo fueron los italianos Gandosi y Spaggiari con una Ducati 125 cc, una marca que se convertiría en leyenda del circuito. Poco después, en 1959, BMW lograría la primera victoria de una motocicleta de gran cilindrada, con una 600 cc pilotada por Daniel y Darvill, hijos de la Gran Bretaña que, sin embargo, no pudieron superar el récord establecido por la pequeña Ducati 125 cc de Gandosi y Spaggiari. Aquel año fue también el primero de la historia negra del circuito, Conrad Cadirat, gran piloto y mejor persona, se dejó la vida al ser atropellado tras una caída.

Con 16 años yo empecé a ir al circuito, saltando la valla y por el remanguillé, en el año 1976, cuando la Copa de Europa se convirtió en Campeonato Europeo y las 24 horas de Montjuic en una de las pruebas destacadas del calendario. Desde entonces no me perdí ni una cita, cada año aparecían motos más grandes que hacían sudar a nuestras marcas barcelonesas: Ossa, Bultaco y Montesa. Y acabaron llegando las japonesas, algunas tan glamurosas como las Japauto, que pusieron en no pocos aprietos a las legendarias europeas BMW, Ducati, Guzzi y Laverda.

Tanta potencia y velocidad fueron convirtiendo en obsoleto aquel circuito urbano y a su seguridad en precaria, para pilotos y para el mismo público que buscábamos acercarnos al máximo a nuestros héroes y las fabulosas máquinas. El Gran Premio de automovilismo fue el primero en claudicar y pronto le siguieron los de Motociclismo. Y todos nos quedamos huérfanos de aquel olor a gasolina, de aquel ambiente inolvidable, de aquellos mitos de las dos ruedas dando vueltas a la montaña.

Pero la Penya, inasequible al desaliento, tras cinco años de espera, cuando se pudo inaugurar el circuito de Montmeló, en 1991, logró que las 24 horas volvieron a Barcelona, en 1995, cuando la Montaña Mágica había sido ya seriamente remodelada para las olimpiadas del 92. Y aunque nunca volvió a ser lo mismo, así empezó otra vez la historia y la magia volvió a Barcelona.

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