Laverda 1000 V6, breve pero intensa

Laverda hizo un esfuerzo brutal para poner, en el circuito de Paul Ricard, una motocicleta de carreras absolutamente espectacular. Sin embargo, la cosa no funcionó y su vida en las carreras fue cómo el buen café italiano, tan breve como intensa.

La idea fue de Massimo Laverda, hijo y heredero de Francesco Laverda que, tras regresar de los EEUU se trajo la idea de que los yankees pedían a gritos motos potentes y grandes. Con esas mimbres dándole vueltas en la cabeza, ideo una seis cilindros en V a 90 grados de 1000cc y cuatro válvulas por cilindro con la que pretendía conquistar el mercado americano y plantarle cara a las potentes superbikes japonesas del momento.

El plan era sencillo, desarrollar un prototipo, probarlo en carreras y llevarlo a producción. Hasta entonces, que yo sepa, sólo los coches montaban motores en V de seis cilindros a 90 grados, así que se fue a buscar al italiano Giulio Alfieri, ingeniero que había trabajado en Lamborghini y en Maserati ya había desarrollado motores similares para competición. En un par de años ya tenían el prototipo que presentaron en la feria de Milán de 1977. 

Con el motor colocado longitudinalmente y el derroche de potencia, el chasis se retorcía por el efecto giroscópico. Pusieron un conjunto de embrague que giraba en sentido contrario para contrarrestar el efecto, probaron, cambiaron la inyección por carburadores Del ‘Orto y otro basculante, volvieron a probar y, para el año siguiente se enredaron para meterla en el Bol d’Or de septiembre de 1978. Más de uno quedó con los ojos a cuadros cuando el pepinazo de Laverda se dejó ver. Y los demás tuvieron que restregárselos cuando vieron como marcaba una velocidad punta de 285 km/h con sus 140 CV a 11.800 rpm.

Con el motor y caja de cinco velocidades como parte principal de la solución ciclo, Laverda aprovechó todo lo que tenía en stock de Breganze para completarla. Ruedas Campagnolo, horquilla Marzocchi de 38 mm, frenos Brembo, dos amortiguadores clásicos, doble faro de Porsche 911, dos conjuntos de escape 3 en 1 y un doble radiador con seis litros de agua para refrigerar el invento.

Cereghini y Perugini fueron los pilotos que durante poco más de ocho horas pilotaron el monstruo, hasta que petó la junta de culata del cardán. Los mecánicos laverdistas pudieron reparar el problema, pero dudaban de la fiabilidad suficiente para terminar y prefirieron dejarlo para otro día. Perugini y Cereghini tampoco apretaron mucho para continuar, negociar las curvas con aquellos 236 kg de peso y potencia desbocada, durante otras 16 horas más, era un reto sólo apto para machotes habilidosos.

Aunque en el 91 ésta V6 hizo un hizo un amago para regresar a la producción en una edición limitada, al final no cuajó el proyecto y todo se quedó en la breve, pero impresionante presentación que, en el otoño de 1978, y durante ocho horas, dejó ojiplático a todo el mundo que se acercó al circuito francés.

Pero en 2005, la tercera generación Laverda, Piero, decidió volver a meterla en un circuito y probar su furia. Fue en Spa, y no creó menos sensación.

Además de la que posee hoy Piero, hay otra unidad en el Museo de Laverda de Paises Bajos. Cuentan que, la de Piero, está asegurada por 500.000 dólares en el Vintage Motorcycle Club. Y te lo puedes creer.

Dedicado al grupo Laverda Passione

Maasimo Laverda y Andrés Olmedo con la V6 en 1985

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