Y llegó la ciencia!

Y llegó la ciencia!

Tras la Edad Oscura, tres figuras, en siglo XVII, revolucionaron el mundo tal y como se pensaba en aquellos interminables tiempos, fueron los primeros filósofos modernos, los que marcarían el devenir de la filosofía y el nuevo pensamiento científico, Francis Bacon, René Descartes y Thomas Hobbes se desviaron del camino dominado por la fe y la guerra, en el que el saber era poco más que una amenaza para obispos y reyes, y no pocas veces acabó en la hoguera, para seguir el camino que había señalado Leonardo da Vinci.

Francis Bacon

Bacon declaró que “saber es poder” y entre las espadas y la fe, se abrió una ruta hacía el conocimiento empírico que significó el nacimiento de la ciencia moderna, una ruta de pensamiento alternativo que cambiaría el Mundo.

Destacó la importancia de generalizar, partiendo de fenómenos concretos del mundo físico, para formular hipótesis que luego debían comprobarse mediante experimentos. La experiencia y la razón eran el camino para el conocimiento y este se basaba en la experimentación. Así, nos regaló el método científico.

Thomas Bacon

Hobbes, uno de los discípulos avanzados de Bacon, acabó superando a su maestro para convertirse en otro de los grandes del pensamiento moderno. Fue el primer político científico y el primer psicólogo empírico. En su mejor obra, Leviathan, dejó principios fundamentales del liberalismo, como el derecho del individuo, la igualdad natural de las personas o el carácter convencional del Estado.  Convencido del carácter egocéntrico de la naturaleza humana, proponía la autoridad para regular la convivencia y mantener la paz.

René Descartes

Pero la figura más relevante de la filosofía científica fue Descartes, que entendió la mente como algo diferente al cerebro y se le considera el rey de los escépticos. “Duda mientras puedas” es el principio que le llevó a no aceptar que algo es verdadero hasta que no queda el más mínimo asomo de duda. El pensamiento crítico se lo debe casi todo a Descartes, quien sometía todo a un extenuante examen de todo lo que se creía conocer. Se negaba a aceptar cualquier dato o información proveniente de sus maestros o de sus propios sentidos.

“Pienso luego existo” fue otro de sus principios del matemático y filósofo racionalista francés, que trasladaba a todo humano la responsabilidad de averiguar lo verdadero y lo correcto, alejándolo de la iluminación divina y esa moral que viene del cielo.

Luego llegaría Galileo, otro fenómeno que a punto estuvo de ser quemado en la hoguera por desafiar las teorías oficiales, y más tarde los Empíricos, con Hume, Barkeley y Locke, entre otros, para sentar las bases de la investigación científica más rigurosa e iluminar el camino del pensamiento en Europa. Y más tarde los racionalistas puros con Emanuel Kant liderando el pelotón, pero eso es ya otra historia claro.

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