Comer rápido, morir deprisa

La comida rápida se basa en productos de base industrial precocinados, precalentados, pre envasados y muy baratos que se preparan en un plis plas y se engullen igual de rápido. La salud era otra historia.

Fábrica de salchichas

Max Zander, charcutero de profesión, se instaló en la Barcelona de 1912 para  crear el primer fast food, un bocadillo de salchicha tipo Frankfurt que, bajo la firma de restauración Casa Vallès, tenía locales en Pedralbes, Terrassa y Badalona. La realidad es que, aunque nos parece una moda de hace unas decenas de años, el éxito de este tipo de comida empezó en los felices 20´s y se extendió con gran éxito en los EEUU hasta los 40´s, años en los que el consumismo, el pluriempleo y la velocidad pusieron el reloj en el centro de nuestras vidas y las máquinas, que a cambio de una moneda te dan un tentempié o una bebida, se expandieron al galope.

Poco a poco la costumbre de comer en casa se fue perdiendo, demasiado tiempo, demasiado trabajo. Tras la segunda Guerra Mundial, a medida que iba creciendo el poder adquisitivo, la gente se va inclinando por comer fuera, como una forma de ocio y disfrute en buenos restaurantes o como un trámite que hay que cumplir con la menor pérdida de tiempo posible.

Comer en el coche

En 1948 los hermanos McDoanald logran implantar un sistema de producción en cadena de hamburguesas que se vendía a 15 centavos, poco más de 1 euro al cambio actual. En los 50´s este tipo de cadenas de alimentación barata y rápida se extendieron cual pandemia. In-n-out burguer, en la que no había que bajarse del coche (1949), Kentuky Fried Chicken (1952), Burguer King (1954), Wooper (1957), Pizza Hut (1958)…El sistema de franquicias ayudó mucho a la expansión y el microondas, a mediados de los 60’s, ni te cuento.

En los 70’s la cosa se aceleró, nuevas marcas de alimentación en cadena a precio de saldo se sumaron, los locales y ofertas se multiplicaron por todo el territorio americano, al tiempo que iniciaron la conquista de nuevos continentes. La demanda fue tal que los sistemas de producción se tambalean y no daban abasto a desforestar y plantar comida para vacas que se multiplicaban exponencialmente, cómo la obesidad.

Cohete Pizza

Australia, Reino Unido, Japón, hasta en Rusia o en China, el símbolo del capitalismo se extiendió junto al colesterol y en los 90 era ya una realidad global, garantizando que, en cualquier lugar del mundo, podías encontrar lo mismo para comer: la misma hamburguesa, las mismas patatas, la misma bebida azucarada y el mismo precio. En 2001 hasta llegó a salir del planeta, Pizza Hut hizo llegar un pedido a la Estación Espacial Internacional con una factura que superó el 1.000.000 de dólares.

Las medidas también fueron creciendo al mismo ritmo que las críticas y la obesidad. A los niños les encanta este tipo de comida, para los padres es muy fácil, para los adolescentes, cortos siempre de presupuesto, es muy barata. Así que para seguir captando clientes aumentaron las raciones. Si en los 50’s una hamburguesa pesaba de media unos 110 gr y se acompañaba con un vaso de coca-cola de 300 cc, hoy, casi todas llegan a los 340 gr y muchos vasos superan el litro de bebida, el triple.

Algunos de estos menús alcanzan fácil las 2.5000 calorías, lo que un adulto necesita para todo un día. 350 millones de niños tiene hoy sobrepeso. También ha aumentado la diabetes o el cáncer con esta comida adictiva, saturada de azúcar, grasa y sal. Nutricionistas y dietistas responsables se pusieron de los nervios, en la actualidad, algunos estudios estiman que la obesidad alcanza ya a unos 2.000 millones de personas en todo el mundo, un 39% de la población se muere de sobrepeso y enfermedades asociadas mientras otra cifra similar lo hace de hambre.

La presión mediática y sanitaria ejerce ya un efecto sobre algunos consumidores que empiezan a pedir comida más sana y la industria del “come rápido” empieza a cambiar algunas cosas. Las patatas pueden acompañarse con ensalada o fruta y llegan las hamburguesas veganas. Pero muchos niños siguen pensando que una gran hamburguesa con patatas bañadas en salsa mayonesa/ket-chup y un batido tamaño XL, es una comida completa y perfecta.

Si somos lo que comemos, debemos concluir que cada vez somos todos más iguales, la industria homogeniza nuestra diversificada cultura de la buena mesa y lo hace moviendo más de 600 billones anuales, cifra de negocio anual de este tipo de comida en planeta. Pero si tomamos conciencia de que como consumidores podemos cambiar las cosas, quizás nos sorprenda hasta qué punto la industria está dispuesta a escucharnos si le tocamos el bolsillo.

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