Y Hospitalet perdió la playa, vaya, vaya

En los años 60 los hospitalencs dejaron de ir a su playa, se llamaba la Farola, por el viejo Faro que hoy todavía continua allí, en el dominio del poderoso puerto. Barcelona, que quiso disponer de un puerto franco para canalizar exenciones y bonificaciones aduaneras, acabó montando un polígono industrial que se quedó con el nombre de Zona Franca y que ocuparía los terrenos de la playa que tenía Hospitalet hasta 1920.

En aquellas fechas, Barcelona se había quedado con la playa de Hospitalet por el módico precio de 83.980 pesetas, pero como el proyecto no acababa de cuajar y no se construía nada, la gente seguía peregrinando a la playa perdida iluminada por el Faro de la nostalgia, allá junto a la desembocadura del río Llobregat que daba el apellido a la ciudad. Y aquel ir y venir playero ocurrió hasta esta década de los sesenta, cuando los gobernantes de la gran ciudad apostaron definitivamente por entregar la playa, el río y su delta a la industria y al negocio, pasando de las personas, del medio ambiente, de la fauna y de la racionalidad. Los contenedores sustituyeron a las sombrillas y los peces nadaban entre el mercurio y otros vertidos que arrastraba el río o salían del puerto.

El Puerto fue creciendo y el aeropuerto igual, aviones, buques y camiones se apoderaron de todo el territorio convirtiéndolo en una de las zonas más intermodales y contaminadas de Europa. Un rio de mierda literal, las zonas húmedas del delta y su fauna aviar más acosadas cada día, los agricultores de kilómetro cero rodeados de fábricas, con los grandes cargueros en el horizonte, enormes aviones por el cielo y trailers, furgonetas y demás ecosistema rodante por todos lados. La autovía, la ronda del mig, carreteras secundarias, el cinturón litoral luego en los 90, cada década que pasaba había más movilidad, para ir a currar al puerto, al aeropuerto, al nuevo megapolígono industrial, a las factorías que vomitaban humos día y noche.

Chorlitejo Patanegra

La ampliación del Puerto, que triplicó su área de influencia a principios de este siglo XXI desviando el cauce natural del Llobregat, el crecimiento del aeropuerto, el desdoblamiento de la autovía C-32… Un crecimiento de infraestructuras que en nombre del negocio y la prosperidad amenazaba con eliminar definitivamente del mapa la deteriorada zona del Delta del Llobregat, al chorlitejo patinegro y sus parientes o las mismas personas que respirábamos cada día más CO2 venenoso. Pero llegaron tiempos de sostenibilidad y estudios de impacto medioambiental, algunos políticos más temerosos de la opinión pública y la presión del calentamiento global empezaron a tomar algunas medidas ante el megaplan de infraestructuras que impulsaba la Barcelona Olímpica y continuaría después con las grandes infraestructuras del cemento. Se emprendieron acciones para contrapesar el despropósito acumulado.

Se dragó el río sacando toneladas de mierda del fondo de su cauce, se construyó la depuradora, se recuperó un trocito de playa… Lo más destacable quizás es el gran parque para uso ciudadano que recorre la orilla del rio y gran parte del Delta junto a la regeneración de la gran playa de El Prat, un lugar de los más contaminados de Europa en los que se prohibía el baño por recomendación sanitaria. Hoy la gente vuelve a la playa de Hospitalet y a su vecina del Prat para  bañarse sin miedo, la mayoría ni recuerda que aquel lugar fue hace solo unos años un peligroso nido sustancias letales, y menos que un trocito de aquella playa era de Hospitalet, el del Llobregat.

Ahora, algunos políticos nostálgicos han impulsado una tímida iniciativa para que Hospitalet recupere su playa, y su Faro. Bueno, lo que queda junto al nuevo cauce del Llobregat desviado y tanta megainfraestructura concentrada. No parece fácil de conseguir, hay que negociar con Barcelona y con el El Prat del Llobregat, dibujar nuevas fronteras y concretar un acceso aprovechando el antiguo cauce del río. Tal y como están las cosas hoy, el tema es para acabar en los tribunales, una tendencia galopante en nuestro ecosistema político que parece degenerarse impepinablemente.

La verdad, es que con un buen acceso al parque y a las playas actuales los vecinos de Hospitalet nos daríamos con un canto en los dientes. Lo de la propiedad de la playa o la reparación de errores históricos, que quizás nunca debieron ocurrir, tiene poca relevancia hoy. Los políticos deberían dedicar su tiempo y esfuerzo a los verdaderos problemas que nos inquietan y a los que se nos vienen encima. Si puede ser, dejar de pelearse, abandonar el insulto y la descalificación y, especialmente, las mentiras que impunemente nos vierten un día sí y otro también. La playa que esté limpia y sea accesible, sea de quién sea.

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