RGS 1000, el último mito de Laverda

Las italianas de principios de los 80’s, y Laverda especialmente, eran motos muy caras comparadas con las suaves, polivalentes y baratas japonesas que iban llegando. Incluso con la nueva serie K de BMW que ya marcaba la nueva pauta germana. Sin embargo, no pocos estaban dispuestos a perdonar los muchos defectos e inconvenientes de una moto de las de toda la vida, bellas máquinas hechas para correr.

Algunos dirán que Laverda es una moto para “hombres de los de antes”, que fuman negro sin filtro y encienden la cerilla en su barba de tres días, pero la verdad es que la dureza de su mando de gas o, sobre todo, de su embrague, la hacen casi exclusiva para “leñadores”, tipos duros donde los haya que presumen de conducir una “moto de verdad”, sin concesiones a las comodidades, con una estética indiscutible, unas vibraciones insoportables y un carácter que no te permite la más mínima duda en las curvas. Si tu perteneces a esta especie de riders machotes que aprecian lo singular, Laverda es tu marca.

El último mito de Laverda

Aquí, en España, esta RGS costaba 1.160.000 pesetas, una pasta que en 1982 te daba hasta para comprarte un pisito bien. La Honda CB1100R ofrecía prestaciones, finura y solvencia mecánica por bastante menos, como la Suzuki GSX 1000 o la GPZ 1100 de 120 CV, máquinas de comportamiento y fiabilidad envidiables, capaces de superar los 220 km/h de la RGS ahorrándote unas buenas pesetillas. Pero claro, sin el inhumano encanto y el estilo exclusivo de una italiana de entonces.

En la RGS latía un corazón mecánico heredado de su hermana, la Jota, un tricilíndrico en línea de 85 CV a 8.000 RPM y 78 Nm a 7.000 RPM, con cigueñal calado a 120º. Con cinco velocidades y un peso total de 253 kg tenía un consumo contenido, apenas 8 l/100 km en autopista, que le permitían casi  400 km de autonomía si no le dabas al mango.

Laverda consiguió eliminar gran parte de las vibraciones al incorporar un sistema isolástico, unos soportes de goma para aguantar el nervioso motor de la Jota. También un sonido más contenido, con nuevos escapes menos racing que, con las relaciones de las tres primeras marchas más cortas, favorecían la aceleración y convertían a la RGS en una sport-turismo más que una pura racer. Aunque sus duras y no progresivas suspensiones junto a los semimanillares mantenían ese carácter deportivo en unos parámetros mucho más que aceptables.

Laverda RGS 1000 Executive

En color rojo con elementos negro mate y llantas doradas, su diseño más típico, exclusivo de RG Studios (RGS), era un derroche de estilo a medida de su italianísimo bastidor. La tapa del depósito de combustible de estilo automotriz, integrada en lateral del semicarenado, o su colín suplementario que esconde el asiento del pasajero, la hacían inconfundiblemente bella. La exclusividad quedaba asegurada por las 2500 unidades construidas hasta 1985.

Su medio carenado ayudaba también en la pelea contra el viento y completaban la vanguardista imagen de esta máquina. Salvo el depósito, que es metálico, el resto estaba construido en un nuevo tipo de fibra llamado Bayflex, firmada por la alemana Bayer y que presumía ser más resistente que la fibra de vidrio.

El chasis incorporaba importantes modificaciones respecto a los modelos de los 70,s. El motor se anclaba cuatro centímetros más bajo, permitiendo que el piloto se situara en nada menos que seis centímetros menos, a una altura del suelo de 780 mm. Eso sí, estriberas altas, aunque regulables, y postura para correr, fiel a la marca de Breganze que no hacía motos de paseo. La amortiguación, firmada por Marzocchi, tanto la horquilla como los amortiguadores traseros de aire – aceite, regulables en cinco posiciones.

Algunos concesionarios la llegaron a ofrecer con un paquete “Executive”, que incluía maletines rígidos, protección adicional contra el viento y un manillar más alto. Menuda decepción para los incondicionales Laverdistas, adictos al sufrimiento y que para nada necesitan facilidades en carreteras rápidas y viajes largos. Para ellos, Laverda les dejaba un asiento duro, para culos ajenos a las hemorroides.

Laverda V6 en el Ricardo Tormo, otra historia

Un buen coleccionista de motos que se precie, deberá incluir alguna gran Laverda en su garaje, pero los que quieran sacarla de vez en cuando y hacerse unas curvas, la RGS es una magnifica elección, con su cambio en el lado izquierdo, sus vibraciones atemperadas y su exquisita imagen de alta costura italiana, fue la última pura sangre Laverda.

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