En blanco y negro

La fotografía fue una de mis primeras pasiones, la ciencia y el arte se mezclaban para inmortalizar instantes dibujados con luz. Acabe instalando mi propio cuarto oscuro en casa y disparando a todo lo que se movía. La moto, otra de mis pasiones juveniles, se movía como símbolo de mi libertad post adolescente, rimaba con foto y no era gratuito, durante muchos años fueron mis compañeras inseparables.

Quizás por eso, descubrir a García-Alix, fue toda una revelación. Alberto es un tipo de reconocimiento internacional que no necesita presentación, pintor, escritor y pillado por las motos, los tatuajes, la música y el retrato, nos ha dejado instantáneas en Vogue, British Journal of Photography o Vanity Fair, exposiciones inolvidables en territorios que para muchos se convirtieron en lugares de culto. También logró el Premio Nacional de Fotografía en 1999.

Con su Leica ha inmortalizado a personajes de todo tipo y relevancia, desde Pedro Almodóvar hasta Camarón de la Isla, convirtiéndose en inmortalizador de la movida madrileña. Pero en el mundo motero encontró una inspiración sin igual para dejarnos maravillas en blanco y negro donde los cafe-racers han sido objetivo predilecto del pincel luminoso que mueve su cámara.

Cada ángulo, cada reflejo, cada moto, cada momento, cada gesto que nos ha regalado Alberto, inundan la mirada con la magia especial de alguien que siente lo que dibuja, que se alimenta con lo que es capaz de crear con la luz, y las motos han sido una constante desde sus inicios, cuando su hermano gemelo, Alfredo, se presentó en la cafetería Manila con una moto cafeteada para que Alberto, sin reparar en gastos, desenfundase carrete tras carrete, ahora con la Leica, ahora con la Hasselblad.

Iniciando una ruta en la que ha ido mejorando, retratando a cafeteros, y tipos malotes en su Harley, en el Lisboa Art & Moto de Oporto, en China o allá donde su moto le llevase para encontrar imágenes que solo podemos agradecer que las haya compartido, con sus violentos desnudos, sus retratos directos, su mirada fuerte, inasequible a la inexpresividad o a la irrelevancia.

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