El nacimiento del conocimiento

Hace 25 siglos tres hombres, con sus convicciones por delante de su seguridad o su comodidad, en tres puntos muy distintos del planeta, promovieron ideas que cambiarían nuestro mundo como pocas. Las supersticiones y las creencias se toparon de repente con el pensamiento libre y crítico para promulgar que la ignorancia es nuestro mayor enemigo y que cualquier hombre tiene la capacidad de pensar y decidir qué es lo que es bueno y qué está bien, para buscar la felicidad y la verdad con independencia del capricho de los dioses y las recomendaciones divinas que caen del cielo.

El budismo hace hincapié en el apego que tenemos hacia las cosas, hacia los demás o hacia uno mismo, cómo la principal causa de nuestro desasosiego. Si queremos evitar el sufrimiento, es importante que aprendamos el desapego. Las enseñanzas budistas nos dicen que una mente pensativa o ruido mental, un ego codicioso y las ansias sensuales, el deseo, son los grandes obstáculos para alcanzar la serenidad lúcida, la paz interior. El desarrollo moral para vivir sin preocupaciones es la meta.

Pero el sufrimiento forma parte de la vida, es algo de lo que nadie se escapa y, además, siempre tiene una causa. Si conseguimos eliminar la causa habremos logrado eliminar el sufrimiento, pero esto, para nada es sencillo en muchos casos. Sea como sea, cualquier cosa que hagamos acarrea consecuencias, aunque nunca sabremos cómo y cuándo ocurrirán. En ocasiones somos nosotros quienes provocamos una situación, otras veces es el azar quién nos pone en ella, pero siempre podremos elegir cómo actuar. Es decir, siempre hay una parte de responsabilidad personal en la cadena de acontecimientos futuros que se producirán.

Buda les quita a los dioses la capacidad de otorgar la liberación y se la entrega a los hombres, conócete a ti mismo, libérate del engaño, el odio y el deseo del yo y obtendrás el control de tu vida para desarrollar todo tu potencial. Sí, pura psicología cognitiva muchos siglos antes de inventarse. La conducta ética, hacer el bien, era una opción individual, independiente de los dioses, los rituales religiosos o la casta a la que se perteneciese, como la disciplina mental para alcanzar la sabiduría, algo totalmente democrático.

Como Buda, la filosofía china ancestral parte de la creencia fundamental de que todo cambia constantemente. Nada es permanente y debemos concentrarnos en aprender la naturaleza del cambio si no queremos vivir en un continuo desconcierto, desbordados por el cambio. Aceptar el cambio como algo normal en la armonía y el orden natural nos permitirá adelantarnos a él, anticiparnos y actuar correctamente entendiendo por qué y cómo cambian las cosas y el mundo que nos rodea.

Las enseñanzas de Confucio te prepararan para sacar el máximo de cada situación, el cambio es una oportunidad que debes aprovechar, incluso si escapa a tu control. Para la filosofía china también somos responsables de nuestras decisiones y debemos esforzarnos en llevar una buena vida, interpretando el deber y a moralidad. Para comprender el mundo humano hay que fijarse en la naturaleza, en sus leyes, aprender de ella.

Confucio, que nació en una de las civilizaciones más avanzadas de aquel lejano mundo, estaba convencido de que la educación podía transformar a las personas y a la sociedad y su filosofía sistemática le condujo a una respuesta práctica para alcanzar una sociedad ordenada y en armonía que podía lograrse mediante ritos auténticos que moldean los valores de respeto, de reverencia a la moral social. Centrase en el presente, cultivar la mejor relación y sentimientos con las personas que te rodean. Los ritos tenían la capacidad de promover pensamientos de virtud, una actitud virtuosa, y una actitud es un destino. Hacer las cosas bien, las mejores cosas, te afectan psicológicamente, interiormente te mueven a ser mejor persona y, en consecuencia, la sociedad será más estable y próspera.

Como Confucio, Sócrates creía que dañar a otro solo dañará irremediablemente a tu alma. Solo lo podía entender desprovisto de venganza o represalia, como un camino para reformar que nunca puede dañar el alma del castigado cuyo intento desproveerá al castigador de una vida feliz y próspera. Confucio

Sócrates fue un instigador del análisis racional, estimuló a sus conciudadanos a examinar todos los aspectos de sus vidas, a cuestionarse cualquier superstición o conocimiento dominante, a buscar la verdad incansablemente. Sí, un tipo subversivo, tan peligroso para el sistema y el statu quo establecido que tuvieron que cargárselo.

“Una vida sin examen no merece ser vivida” Conocida frase de Sócrates a través de sus discípulos, porque Sócrates no escribió nada. Su método era interpelar a la gente, hacerles preguntas haciéndose el ignorante hasta que descubrían sus propias contradicciones. Un método tan exasperante y catártico como efectivo que ponía el acento en el descubrimiento y lograba, inductivamente, hacerles admitir cosas que no deseaban admitir, hacerles conscientes de que en realidad no conocían lo que creían conocer.

Sócrates vivió en Atenas y creció junto a la recién nacida democracia, en una época en la que las ideas bullían y los hombres empezaban a preguntarse ¿Qué es la materia? ¿Cómo funciona el mundo?… Significaba el nacimiento de una ciencia titubeante y sin grandes medios pero que  socavaba el papel de los dioses como gobernantes del cosmos. Sócrates realizaba sus debates en público, en los alrededores del ágora, y creaba enormes revuelos con sus intervenciones, atrayendo a los jóvenes mejor preparados de Atenas que lo admiraban.

Gran maestro para enseñarnos como debemos enfrentarnos al dogmatismo y el fanatismo, con su típica ironía, invitaba a todo el mundo a cuestionarse sus convicciones más férreas, su conducta, a explorar las verdades fundamentales, a pensar, a buscar por si mismos el conocimiento para el bien humano. Sócrates era un sabio porque sabía que no sabía nada, pero su heterodoxia y popularidad, en una Grecia que tenía más de 2000 dioses e innumerables ritos y creencias, despertaba enemigos y falsos rumores que finalmente acabarían con su vida, condenado por el sistema.

Hace 2500 años, Buda, Confucio y Sócrates, tres tipos perspicaces, clarividentes y carismáticos, se enfrentaron a las creencias dominantes, a la ignorancia global instaurada, para instalar en las mentes de las personas pensamientos e ideas absolutamente revolucionarias. Con ellos nació el conocimiento y, en oposición a la fe, los hombres empezaron a conquistar el pensamiento libre y su independencia. Aunque pasarán más de 2.000 años hasta cuajar en ciencia moderna, la filosofía y el conocimiento, de la mano, empezaron a caminar en la historia para cambiar el mundo, un largo camino en el que todavía andamos enredados.

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