Barry Sheene: gran vividor, mejor piloto

El británico Phil Read, polémico y provocador, iba a cambiar algo que se había convertido en costumbre, que Agostini lo ganase todo. Llegó a MV Augusta para entablar enorme disputa con el mago italiano y acabó ganado el mundial de 500 cc de 1973 y el de 1974, el último título de una máquina de 4 tiempos hasta dentro de 28 años.

Phil también echó a Giacomo de MV, la marca de su vida, y se fue a Yamaha, para conquistar, en 1975, su ultimo campeonato del mundo de 500 con una V4 de dos tiempos. Justo al revés que Valentino Rossi, que ganó su primer mundial con la 500 de 2T y todos los demás, en la era MotoGp, con máquinas de 4T. Pero esta no esta historia.

Barry y Stephanie

En aquel nuevo campo de batalla de dos tiempos, Barry Sheene, un tipo singular nacido en Londres, tenía 5 años cuando su padre le regaló su primera moto. En su casco siempre llevó un dibujo del Pato Donald y el 7 fue siempre su número para correr. Barry fue el primer piloto mediático, carismático, guapo, extrovertido, su glamour proyectó al mundo del motociclismo más allá de las motos. Su matrimonio con una modelo de “Penthouse”, Stephanie con la que tuvo dos hijos, atraía a los paparazzi y a los moteros que le rodeaban en los circuitos como una estrella del rock.

Supo ver lo que quería un sponsor, siempre dispuesto para las cámaras firmaba autógrafos durante horas y cada vez que ganaba una carrera saludaba haciendo la famosa V a las cámaras hasta convertirlo en símbolo motero. Su visión para los negocios inició la era del marketing en las carreras de motos para extender este deporte más allá de los circuitos y fue uno de los primeros pilotos en obtener grandes beneficios de la imagen de las carreras más allá de los títulos. Lo mismo hacia publicidad de una loción de afeitado que de una marca de lubricante para motores. Con él, una celebridad, el motociclismo saltó a las primeras páginas de los periódicos.

Barry Sheene

Pero Barry, gran vividor, era ante todo un magnifico piloto, humilde pero valiente, sin temor a los riesgos, aunque sin el menor interés en la preparación física, dietas y demás disciplinas o abstinencias que ya se imponían entre los profesionales de la época. Con 20 años fue campeón del Reino Unido en la categoría de 125 cc y sumó victorias por un tubo hasta llegar a conquistar dos campeonatos mundiales de 500 cc, los de 1976 y 1977, compaginando sus éxitos deportivos con su desordenada vida de gran fumador y bebedor. Salía con los Beatles y era asiduo a los hipódromos, acompañado de espectaculares modelos que bajaban con él de pomposos automóviles de alquiler.

En 1979, se fue del equipo oficial Suzuki al que siempre estuvo asociado. Creyó que ya no le prestaban la suficiente atención. Allí había llegado, en 1978, Kenny Roberts, al que apodaron el marciano porque encontró otra manera de conducir, usando la potencia para derrapar como si fuese por tierra, apoyando la rodilla para dominar la moto…, pero eso es otra historia.

Con su pelo largo y su carácter jovial, Barry se fue a Yamaha, como piloto privado, pero pronto empezó a recibir piezas oficiales y ofreció duelos imborrables con Kenny. En 1982, en el entrenamiento del Gran Premio de Inglaterra de Silverstone, Sheene se estrelló con su Yamaha a 160 millas por hora. Con múltiples fracturas nadie creyó que se salvaría, pero acabó engrandeciendo su leyenda, un héroe que superaba grandes adversidades. Aguantó hasta 1984, año en el que acabó retirándose de la máxima competición.

Hasta siempre, Barry

Británico de nacimiento, pero australiano por vocación, se marchó a Australia a finales de los 80’s, para recuperarse de sus heridas y combatir una artritis aguda que le afectó por muchos años. Trabajó como comentarista de Grandes Premios de motociclismo y carreras de automóviles Super 8 para el Canal 10 de televisión nacional, y corrió con motos clásicas, convirtiéndose en animador incombustible hasta que el cáncer lo paró en seco y se lo llevo para siempre en marzo de 2003, a la edad de 52 años.

Con Sheene acabó también el ciclo de los pilotos británicos para iniciar otra enorme historia, la de los norteamericanos y australianos, intrépidos pilotos que montaron aquellas máquinas imposibles de casi 200 CV y poco más de 100 kg para escribir una época sin igual. Sí ya sé, otra historia.

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