De Roberts a Roberts, 22 años de imperio austraméricano

Roberts tenía algo mágico, venía del Dirt Track y no tenía ni idea de cómo funcionaba el gran circo motociclista de los circuitos europeos. Era bajito y robusto, por no decir regordete, pero, con su mono amarillo, manejaba aquellas potentes motos de 500 cc como nadie lo había hecho, derrapando sobre el asfalto fue el primero en apoyar la rodilla para domar aquellas bestias de dos tiempos. Revolucionó el mundo motero de la máxima competición para ganarse el apodo del “El marciano”, sí parecía de otro planeta.

K. Roberts haciendo Dirt Track

Supuso un enorme golpe para Barry Sheene, la estrella del momento, y se odiaron a muerte durante unos años, aunque acabaron siendo grandes compañeros. Nadie pensó que esa manera salvaje de pilotar, saliendo de las curvas derrapando como si corriese por la tierra, le fuese a funcionar, pero lo hizo, y dejó a todos con los ojos a cuadros. Roberts ganó el mundial de 500 cc de 1978, en su primer año, imponiendo su bárbaro estilo e inaugurando una nueva época, siendo el primer norteamericano en ganar el mundial de motociclismo en la máxima categoría, y ganaría también en los próximos dos años, 1979 y 1980.

Las motos japonesas de 500 y dos tiempos eran auténticas bestias de 115 kg y 190 CV, dispuestas a descabalgar a los más osados que se atrevían a subirse en ellas. En 1981 Marco Lucchinelli y en 1982, Franco Uncini, ambos con la Suzuki 500, marcaron un paréntesis, siendo los dos únicos pilotos europeos que ganaron el campeonato a los nuevos reyes americanos y australianos, hasta que Alex Crivillé lo volviese a conquistar en 1999.

Con 21 años, En 1983, Freddie Spencer acumuló seis victorias para conseguir el campeonato del mundo de la categoría 500cc, con solo dos puntos por delante de Kenny Roberts y convirtiéndose en el campeón de 500cc más joven de la historia, hasta que llegó Marc Márquez en 2013. Honda, que dejó las carreras en 1967, volvía a ganar tras el fiasco de la NR 500 de pistones ovales y su apuesta, a contracultura y a su manera, con una máquina de dos tiempos y tres cilindros, la NS 500.

Freddie Spencer

El norteamericano Freddie también hacia Dirt Track, desde los tres años de edad, y a diferencia de Roberts, hacia derrapar también la rueda delantera para dar su espectáculo. Su duelo con Roberts en el campeonato de 1983 fue épico y consolidó el dominio del nuevo contingente americano que llegaba al gran circo motero. Además, Freddie, en 1985 ganó de nuevo el título de 500 y el de 250, siendo el único piloto que lo ha consiguió dos títulos en una misma temporada de la era moderna.

Antes, en 1984, Eddie Lawson, otro monstruo, ganó su primer campeonato. Repitió en el 86 y en el 88 con la Yamaha y volvió ganar con una Honda en 1989. Solo el australiano Gardner, un tipo poco fino pero muy duro de roer, le pudo quitar el de 1987, también con una Honda.

Ya en los 90, Yamaha volvería a reconquistar el trono con un fenomenal Wayne Rainey que se llevó tres campeonatos consecutivos para ceder el relevo a Suzuki que, con el tejano Kevin Schwantz volvió a ganar en 1994, doce años después de Unccini. Rainey tuvo un fatal accidente en Misano que lo dejó parapléjico y puso fin a su carrera y a los espectaculares duelos con el tejano de Suzuki, que perdió la motivación con la ausencia de su enorme rival.

Doohan y Crivillé, 1999

Entonces llegó el mejor australiano de la historia, un excepcional Michael Doohan, que simplemente no soportaba quedar segundo, desde que ponía el culo en el sillín su objetivo era ser imbatible, en los entrenos, en la pole y en cada carrera. Ganó cinco campeonatos consecutivos con la Honda 500 y, hubiese sido el mejor de la historia de no ser por el tremendo accidente que tuvo en 1992 en Asen, después de un arrollador inicio ganando cinco de las primeras siete carreras y con más de 50 puntos de diferencia sobre Wayne Rainey que acabaría ganando aquel año.

Estuvo a punto de perder la pierna y daba auténtica pena verle subirse a la moto cuando regresó. Pero se recuperó y de qué manera, de hecho, no pudo cerrar la década porque Alex Crivillé ganó, también con Honda y cuando nadie lo podía imaginar, en 1999, y con otra caída aparatosa de Doohan. Se caía poco, pero cuando se caía, se caía a lo grande, como cuando ganaba, dominando, humillando a sus rivales.

Roberts & Roberts Jr, en irrepetible imagen

La nueva década empezó con Kenny Roberts junior sobre la Suzuki 500, el hijo de Roberts logró algo que difícilmente se repetirá, padre e hijo ganando la máxima categoría del mundial. Fue el último emperador, luego llegaría Rossi que, en la última gran motomorfosis del mundial, ganó con Honda el último campeonato de dos tiempos y seis más de MotoGP, aunque Hayden y Stoner le tocaron bastante los pistones, bueno y Lorenzo, y Márquez que lo expulsaron definitivamente del trono. Sí, otra historia y otro siglo, ya.

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