Mike The Bike

La Gilera 500 era una máquina bravísima, sus cuatro cilindros rugían apabullando a todas las demás que osaban disputarle el título de la máxima categoría en aquellos años. Aunque fue la AJS 500 la que conquistó el primer campeonato en 1949, Gilera solo permitió que la Norton 500 de Geoff Duke ganase en 1951, nunca más una moto inglesa ganaría la máxima categoría. Umberto Massetti ganó con Gilera en 1950 y 1952 y Libero Liberati en 1957 también con la increíble Gilera, un año después de ceder ante la MV Augusta de John Surtees, en el 56, que acabaría recogiendo el relevo italiano para marcar una época.

Gilera se retiró de la competición y MV Augusta ganó desde 1958 hasta 1974, tres más con Surtees, una con Gary Hoocking y cuatro con Mike Hailwood, antes de que Agostini se subiese a la formidable cuatro cilindros del Conde Augusta y ganase seis consecutivos. Phil Read ganaría los dos últimos de MV, en 1973 y 74, justo antes de que el fenomenal Agostini ganase con la Yamaha 500 y rompiese esa formidable racha que el mismo había protagonizado.

Pero esta es la historia de Mike Hailwood, un tipo que tocaba el violín, el saxo o la trompeta y llegaba a los circuitos subido en el Bentley de su padre ante la atenta mirada de los demás pilotos que viajaban en camioneta. Un piloto singular que no se cansaba de ganar, en cualquier circuito, con cualquier moto, tan carismático como buen driver.

El piloto de Oxfordshire, hijo de un millonario vendedor de coches, en empezó 1959, con 19 años y disputando en 125cc, 250cc y 500cc. Ganó nueve campeonatos del mundo de motociclismo, desde 1961 hasta 1967, con nada menos que 76 Grandes Premios en su haber entre los que hay que contar 14 victorias en la Isla de Man. A Mike le gustaban los retos y, tras ganar cuatro veces con la MV, decidió que ganar con la mejor moto era demasiado fácil.

Honda, persiguiendo un sueño, buscaba una figura para introducirse en esto de las carreras de motos, no para ganar títulos sino para meter presión a sus trabajadores y convertirse en el mejor fabricante de motos del planeta. Así que Mike The Bike, como ya le llamaban en el gran circo, fichó por Honda en 1966.

La marca tenía el motor más potente, pero su chasis no era de lo mejor precisamente, cosa que no impidió a Mike ganar tres campeonatos de 250 y dos de 350 cc, hasta que en 1967 Hailwood se retiró con su impresionante palmarés en solo 6 años. Se retiraron juntos porque Honda también dejó las carreras en 1968.

Hailwood, que ya corría en Formula 1 desde 1963, participó en 50 grandes Premios y, aunque consiguió subirse al pódium en dos ocasiones, nunca logró ser el campeón de la máxima categoría del automovilismo. Pero en 1973, en el Gran Premio de Sudáfrica, Mike detuvo su bólido para salvar la vida que Clay Regazzoni que había tenido un accidente y se debatía entre las llamas. Mike no solo era un vividor excelente y un piloto extraordinario, era sobre todo un gentleman.

Pero a Mike the Bike todavía le quedaba una cuenta pendiente, e iba a ser otra vez sobre una italianísima motocicleta y con 38 años ya cumplidos, 11 años después de haberlo dejado. Corría 1978 cuando Ducati buscaba un piloto singular capaz de demostrar que su 900 SS era una formidable creación de Tagglioni capaz de lo mejor. Y convencieron al mago para que regresase al peligrosísimo y legendario escenario de la Isla de Man para correr el TT. Mike derrotó al favorito Phil Read, doble campeón mundial con la MV que corría aquel año con una poderosa Honda.

Míca carrera en Youtube

Ducati se hizo grande con Mike y recogió el testigo de las máquinas italianas en las grandes competiciones. Y a Mike todavía le dio tiempo para ganar otra vez el TT de la Isla más motera, en la categoría  de 500 cc Sénior, sumando su decimocuarta y última victoria en Man.

Este épico retorno de la leyenda británica tendrá propia película en la gran pantalla gracias a Pick Up Truck Pictures, de Eric Bana, y Aramedia, de Robert Conolly, que han comprado los derechos para llevarlo al cine.

Dos años después de su última victoria en Man, en marzo de 1981, el destino se lo llevó en una carreta cualquiera, cuando un camionero borracho intentó un cambio de sentido y su coche se estrelló dejando allí también la vida de su hija Michelle. Pocas veces los moteros del mundo sentimos tanto una pérdida.

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