Autoritarismo y libertad frente al coronavirus

El autoritarismo es más más rápido y eficaz en situaciones de emergencia, es una de las pocas ventajas de este estilo de liderazgo. La rapidez de las decisiones y la implantación de las medidas son bastante más lentas cuando tienen que pasar por el consenso y el liderazgo distribuido de nuestros sistemas democráticos.

El liderazgo autoritario tiene mucho que ver con el temor, la respuesta de los ciudadanos chinos ante la imposición de la cuarentena y demás medidas fue instantánea, sin derecho a réplica. No caben cuestionamientos cuando el que impone tiene todo el crédito de la coerción. La rápida implantación de medidas extraordinarias tiene también mucho que ver con la disciplina férrea de la administración china, no se discute, se actúa a la orden.

La construcción de megahospitales en tiempo record o el suministro de comida en la puerta de las casas en las que se confinaba a los ciudadanos sospechosos nos asombraron a todos. Los resultados también, acaban de levantar el bloqueo tan solo tres meses después de instaurarlo en el primer foco del brote, Hubei empieza a recuperar el pulso y ahora son los occidentales los que tienen prohibida su entrada a Wuhan.

Aquí, junto al mediterráneo, el cuestionamiento de la autoridad o la picaresca para saltarse las normas impuestas ha estado en la orden del día. No pocos reclaman medidas más severas que superen el estado de alarma, pero de nada servirán medidas más rigurosas si siempre encontramos motivos para esquivarlas. Quizás nos bastaría con cumplirlas, restringiendo los contactos a lo estrictamente necesario. Pero nuestra indisciplinada cultura es también mucho más caliente, mucho más dada a las relaciones estrechas y las caricias, a la fiesta y el desorden.

Los nórdicos se lo miran fríamente, como los holandeses, los suecos se resisten a seguir la misma hoja de ruta que el resto de Europa y declinan tomar medidas drásticas contra la incuestionable libertad individual. Confían en la frialdad cultural y la alta responsabilidad individual para mantener la economía y la normalidad, pero despertarán, más pronto que tarde, con la realidad de un virus no que respeta creencias y trastocará su ordenada vida, haciéndoles recular inexorablemente, como a los británicos.

Quizás deberíamos partir de lo que dice la ciencia respecto al comportamiento humano, que creemos tan racional, pero que se basa mucho más en pulsiones, emociones y sentimientos ligados a nuestras necesidades e intereses. Las personas solemos hacer que lo que nos viene en gana y buscar después los argumentos necesarios que lo justifiquen racionalmente.

Los fumadores sabemos bien el daño que el tabaco causa a nuestro organismo, lo perjudicial del humo para nuestra salud y la de los que nos rodean, pero siempre encontramos excusas para seguir fumando o volver al vicio. De igual manera, conducimos nuestros coches a más velocidad de la permitida, conscientes de los riesgos y a sabiendas que causan muchas más muertes anuales que las que pueda llegar a causar este Covid-19. Por eso ponemos radares y multas, para disuadir comportamientos antisociales que atropellan cualquier norma racional.

La imposición no rima bien con democracia y libertad individual interpretada al librealbedrío. Además, están los lobby’s empresariales y financieros, dispuestos a presionar lo que haga falta para que los gobiernos no aprieten el corsé y dejen respirar a la economía y les compensen por los beneficios que dejan de ganar.  No será fácil.

EEUU tiene un enorme problema y el impacto será brutal, ya que ambas variables, libertad individual y lobby’s, tienen tremendo peso. Rusia es toda una incógnita, la menospreciada libertad se conjuga con lobby’s de amigograma, pero cuentan con un autoritarismo incuestionable, algo similar a lo que suele ocurrir en Medio Oriente. En Centro y Sudamérica, desde Méjico hasta Argentina, la cosa anda muy distribuida y en la India intentan el confinamiento imposible de a 1.300 millones de individuos. Mientras, la incapaz Unión Europea confirma su enésimo fracaso participado.

El mundo que salga de esta pandemia global va a ser muy diferente, el autoritarismo va a ganar mucho terreno para imponernos una existencia mucho más controlada, pero también saldremos muy reflexionados, espero que para valorar mucho más lo importante y menos lo superficial, al menos tiempo y motivo para pensar no nos va a faltar.

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