Apocalipsis y cine, para no salir de casa

Vivimos en la vulnerabilidad y la situación en la que estamos enredados nos lo deja cada día más claro. Correr agitando los brazos despavoridamente anunciando el fin del mundo no parece que ayude para nada, pero en estos días de confinamiento y aburrimiento por decreto, la lectura y el cine serán recursos impagables. Quizás, con algo de morbo, te quieras entretener con alguna película apocalíptica.

Ocuparse del apocalipsis es una costumbre humana, probablemente desde que existimos como seres pensantes, que el cine, como no puede ser de otra manera, ha tratado mucho. Lejos de desenlaces bíblicos, zombis e invasiones alienígenas cómo “La guerra de los mundos” de Spielberg, (2005), versión pionera del apocalipsis por excelencia desde que Orson Welles lo radiara en 1938, hoy, este jodido coronavirus ha saltado a la primera línea de las amenazas, así que, centrándonos en lo plausible, vayamos por partes, como “Jack el destripador”.

7590 millones de años para el ocaso

La Tierra será engullida por el Sol en unos 7500 millones de años, si antes el Sol no colapsa cómo dicen algunos científicos. Pero sea como sea, el límite máximo para la vida en nuestro planeta lo marcará el astro que nos da la misma y que la convertirá en imposible en unos 1100 millones de años. Hasta entonces, el fin del mundo puede que ocurra de otras muchas maneras y el cine nos ha contado de todo tipo posible.

Quizás un meteorito impacte contra nuestro planeta y, cómo en la era de los dinosaurios, acabe con gran parte de la vida de la Tierra. Pero es muy probable, a no ser que fuese un impacto bestial, que sobrevivieran algunos organismos microscópicos y la vida se recuperaría. Una de las primeras películas en esta hipótesis es The End of the World (1916), pero mucho más recientes son la muy versión yankee Armagedon (1998), o la desesperanzadora “Melancolía” (2011) en la que Lars Von Trier nos muestra dos filosofías muy distintas de enfrentarse al final de los días.

Hasta que llegó el Covid-19, el desastre ecológico ocupaba nuestros telediarios un día sí y otro también, y no pocos apostarían por que fuésemos los propios sapiens los que acabásemos con la vida en el planeta mediante la contaminación del aire, la destrucción de bosques, el envenenamiento de los mares, la liquidación de la biodiversidad y demás catástrofes. “La carretera” (2009) es una deprimente historia postapocalítca de John Hillcoat que te estremecerá, pero no te pierdas la historia animada de “Wall-E” (2008) de Andrew Stanton, un pequeño robot de limpieza en un mundo anegado por la basura que los humanos han abandonado en supernaves espaciales.

Teléfono rojo ¿volamos hacia Moscú?

Sin embargo, hasta hace muy poco los humanos estábamos más preocupados porque fuese una guerra nuclear la causa del fin de la humanidad. Enfriaba esta posibilidad el miedo que provocaron las bombas atómicas y que nos empujó a la contención y al desarme. Todo y así, la nueva generación de políticos irresponsables nos hace pensar hoy que más que utópica, vuelve a ser una amenaza muy real. Malevil (1981) no acaba con los humanos, pero te sumerge en la soledad y la desesperación de unos pocos supervivientes. Aunque ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964) del genial Stanley Kubrick ya satirizaba la Guerra Fría. O la violenta Mad Max  de George Miller en 1979. Más actual y realista Pandora (2016), no te dejará indiferente y te recordará desastres cómo Chernobil o Fukushima.

En plena situación de alarma, con el nuevo coronavirus extendiéndose por Europa con unos pronósticos que llegan a alcanzar un 70% de la población mundial contagiada, la sanidad y la alimentación se destacan como los bienes más preciados de la humanidad, algo que no hemos cuidado lo suficiente y que hoy, solo podemos gestionar desde una perspectiva global. La manera en la cultivamos animales para alimentarnos ya nos puso en jaque con el SARS del 2002, el MERS en 2012 o el mutante H1N1 que se explayó desde los 70,s sin que pudiésemos controlarlo, aunque tuvimos la suerte de que no fuesen a peor. Pero debemos aprender rápido o en una de estas nos veremos enredados en una imparable exterminación masiva. Porque si algo está quedando claro es que para nada somos eficientes al enfrentarnos a estas pandemias globales que nosotros mismos generamos.

Miniserie “La amenza de Andrómeda”

En esta línea, actual, espeluznante y premonitoria es la coreana “Virus” (2013) de Kim Sung-soo, también “El incidente” (2008) en la que Night Shyamalan te sumerge en la inquietante, silenciosa e invisible posibilidad que llega con el viento, o “Annihilation”(2018) peliculón de realistomagía futurista de Alex Garland, cuya transformación biológica te dejará ojiplático. Pero para película de culto, “La amenaza de Andromeda” (1971) de Robert Wise, relato sobre microorganismos infecciosos, robótica, computadoras y alta tecnología que no ha perdido actualidad pese a su fecha.

Sea como sea, los humanos podemos suicidarnos y arrastrar a muchas especies, pero la Tierra es un organismo vivo demasiado grande, y la vida, más o menos erosionada, continuará y se regenerará a pesar del daño que nosotros seamos capaces de hacerle, que no es poco. La cuestión clave que debería preocuparnos muy principalmente, es si seremos capaces de permitir que las generaciones futuras sigan disfrutando de este nivel de biodiversidad que tantos millones de años ha costado alcanzar. Pero de eso el cine se ocupa poco.

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