La inercia, ese enorme problema

Andaba yo en moto hacia Breda, una típica salida dominguera que acabó con almuerzo típico de colesterol en Can Mariano, y no podía dejar de pensar que pasar un rato en una serpiente de 40 motos de combustión fósil era una actividad que iba contra mis principios. Yo que, entre otras cosas, he cambiado todas las luces por led y ando mirando presupuestos para instalar placas solares en el tejado de casa. ¿No es una incongruencia? Seguro, pero ¿podemos las moscas cambiar un mundo en el que los elefantes siguen a todo trapo y sin freno?

Instalaciones de Aramco

Aramco es una compañía petrolera saudí extrae crudo a menos de 6 dólares el barril para venderlo a más de 60. Se ha convertido en la mayor empresa del mundo, unos dos mil billones de dólares, saliendo con enorme éxito a bolsa durante la celebración de la última cumbre climática, la que los grandes contaminadores han despreciado con su ausencia. El crecimiento económico sigue estando por encima de todo, las grandes empresas no asisten a las cumbres climáticas más allá del eco-postureo efectista, pero con escasos compromisos y cambios efectivos. La pasta es la pasta y los accionistas quieren beneficios caiga quien caiga, mientras todos juntos caemos por el precipicio inexorablemente.

Los activistas ambientales se movilizan cómo nunca mientras los ciudadanos empiezan a estar más asustados que preocupados, los españoles por encima de la media en una Europa que parece que es la que más en serio se lo toma. La manifestación del 6 de diciembre fue la mayor concentración ecologista en España y evidencia la brecha que separa a las instituciones y empresas del sentimiento social.

Todo y el crecimiento de la conciencia ciudadana mayoritaria, los negacionistas siguen insistiendo. Los hay entre los más significados, cómo Trump, que se permite incluso bromear con el tema, dejando en evidencia que nuestra clase política no está por la labor. Los que mandan de verdad, los enfermos del dinero, no se lo van a permitir. Lejos de las expectativas sociales y para nada a la altura del momento de emergencia declarada, la tibieza política calienta los ánimos ciudadanos mientras la opinión publicada no hay un día que no insista en el tema.

En una declaración, en revista BioScience, más de 15.000 científicos de 184 países aseguran que la Tierra se enfrenta a un desastre climático. Los científicos suelen ser moderados porque necesitan evidencias precisas en sus afirmaciones, todo y así, los datos que nos ofrecen son demoledores además de rigurosos, con medidas avaladas por prestigiosas organizaciones como Global Carbon Project, Atlas, IPCC… Una de las métricas más contundentes y aceptadas globalmente son las emisiones de CO2 liberadas a la atmósfera:

Contaminación, desastres climáticos…¿un futuro evitable?

Con 9.838 millones de toneladas anuales China es, con diferencia, el país que emite más CO2. Le sigue Estados Unidos con 5.269 millones de toneladas, la India con 2.466 millones de toneladas, Rusia con 1.692 millones, Japón con 1.205… Pero estos datos deberían ponderarse y mirarlos desde otra perspectiva más justa, las emisiones anuales de CO2 por persona.

Mientras cada chino libera a la atmósfera unas 7 toneladas anuales, un norteamericano medio lanza unas 16 toneladas. La culpa es huérfana y las estadísticas pueden argumentar las mayores mentiras, pero la realidad es que un ciudadano chino contamina algo menos que uno español, mientras que un ciudadano medio de Catar se lleva la medalla de oro con unas 49 toneladas año, aunque su pequeño país esté en la parte baja del ranking con solo 129 millones de toneladas.

En Europa, cuna de la revolución industrial y junto a EEUU, foco de las mayores emisiones durante casi todo el siglo XX, nos solemos poner como ejemplo de concienciación y punta de lanza de la lucha contra el despropósito desde que en 1979 se celebrase la primera cumbre climática, pero Alemania, la gran locomotora europea, es el sexto país que más CO2 libera al año y cada alemán lanza casi 11 toneladas al año. Fracaso tras fracaso no hemos conseguido reducir nada, todo lo contrario, seguimos aumentando emisiones e insistiendo en consumir mucho más de lo que necesitamos, haciendo negocios de la manera más sucia que sabemos.

Lo más grave, aparte de que no parece que vayamos a mejorar mucho estas métricas, es que estas emisiones que estamos liberando hoy tardarán décadas en hacer todo su efecto, décadas en las que seguiremos añadiendo más CO2 a nuestro saturado planeta. Greta Thunberg puede ayudar a la concienciación y cada uno de nosotros puede poner su imprescindible gota de agua cambiando hábitos, pero el cambio climático no necesita pequeños héroes, necesita que los elefantes, las grandes empresas, se pongan las pilas y cambien esto de manera radical ya.

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