¿Te gusta conducir?

No me acuerdo quién dijo que los que van en moto se dividen en dos tipos, los que se han caído y los que se caerán, el que escribe se ha caído varias veces y sigo disfrutando la moto quizás de puro milagro, aunque reconozco que dentro de unos años conducir una moto será cómo ahora montar a caballo, una actividad minoritaria, solo para circuitos cerrados.

Tomarse unas cuantas copas en un desayuno de amigos en medio de una excursión dominguera con coches o fumarse unos canutos con unos colegas con los que has salido a hacerte unas curvas pueden ser maneras muy efectivas de caer en un accidente grave. De hecho, el consumo de drogas está relacionado con el 30% de los accidentes mortales en la carretera.

Utilitario autónomo

Pero hoy, es tan peligroso no aparcar el móvil mientras conduces. Consultar el correo o enviar un WhatsApp causa, redondeando, otro 30% de las muertes por accidentes de tráfico. Otra de las causas humanas que acumula otro 30% de los accidentes mortales son las distracciones, ir pensando en otras cosas, buscar el mechero para encender un cigarrillo… Las máquinas no consumen drogas, no se distraen, no se duermen, no se entretienen con el móvil, no se dejan llevar por instintos viscerales… La conducción autónoma eliminaría de golpe el 90% de las muertes en carretera, bastantes más de 1.000.000 en todo el mundo.

La Yamaha que no se cae

En siniestralidad rodante, tetraplejias y lesiones graves son muchas veces más dolorosas y caras que la propia muerte, aunque la carretera causa más muertes en el mundo que las guerras y el terrorismo juntos. No es un tema menor, ni mucho menos, y poco parecen lograr las numerosas y radicales campañas de concienciación, seguimos corriendo más de la cuenta, usando el móvil, drogándonos para conducir…, nuestras emociones básicas y primitivos instintos predominan en la carretera mientras la filosofía y la ética quedan en la cuneta.

Vehículo autónomo

Quedan, evidentemente, fallos mecánicos, mala señalización, mal estado de las vías de circulación… Si todos los vehículos fueran autónomos seguiría habiendo accidentes y muertes en circulación, pero se salvarían más de un millón de vidas humanas. Este es un hecho irrefutable, un argumento contra el que nada debería poder la pérdida de un montón de puestos de trabajo de taxistas, camioneros, repartidores…

Los algoritmos no serán perfectos, pero sí mucho mejor que las personas, sin embargo, el trabajo es mucho más que una ocupación y conducir es una actividad de recreo, de disfrute, ¿Te gusta conducir? ¿Te gusta decidir sobre la marcha hacía donde dirigir tu hoja de ruta en vacaciones o el fin de semana? ¿Te gusta salir con tu clásico el domingo por la mañana?…

Camarero autónomo

Especular sobre en qué momento la conducción autónoma generará el desempleo masivo en la conducción no es tarea fácil, la tecnología, con la Inteligencia Artificial en cabeza, está ya más que preparada para la función, pero los acontecimientos venideros tienen mucho más que ver con decisiones políticas, legislación y tradiciones culturales.

Pero no será solo en la conducción, la robotización, la automatización, la biotecnología y especialmente la Inteligencia Artificial, desencadenarán un mundo de disrupciones en cadena cómo nunca antes hemos vivido. Paul Lafargue escribió, en 1883, “El derecho a la pereza” introduciéndonos en un futuro en el que la tecnología acabaría dejándonos mucho paro y miseria en un mundo de superproducción, pero el crecimiento aumentó a contrarevolución marxista y el progreso continuó su inexorable persistencia.

Ilustración en “La Peste”

En el devenir de la Historia, el cambio tecnológico ha generado tantos o más empleos cómo los que ha eliminado, pero nada parece garantizar que eso es lo que vaya a ocurrir con la actual revolución tecnológica que estamos gestando. Si nadie lo remedia vamos hacia una civilización que dejará un montón de inútiles en la cuneta del progreso, un mundo en el que muchas personas quedarán socialmente marginadas porque no tendrán trabajo y mucho tiempo libre con miseria galopante. Todo parece apuntar a que cada día que pasa las personas somos más irrelevantes para la economía del futuro.

La cuestión no es si esto va a ocurrir o no, sino cuándo ocurrirá, porque la automatización, económicamente, ofrece muchos argumentos de rentabilidad, fiabilidad, eficiencia… y la codicia está instalada en lo más alto de nuestra gerencia política y empresarial. La cuestión es si seremos capaces de encontrar remedios para reinventar nuestros sistemas sociales, de poner la tecnología y los algoritmos al servicio de las personas, de la vida y del planeta o serán un instrumento al servicio de los ultraricos, del beneficio y de un progreso distópico. Continuará.

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