Siroko, los orígenes

Antonio Cobas había llegado a las motos lleno de conocimientos y experiencia, buscando dónde poder aplicar lo mucho que había aprendido en tantos campos diferentes, pero no sabía que las motos, una vez enganchado, no te dejan nunca. Y las motos se quedaron con un genio, incipiente, pero de los buenos.

El proyecto Siroko se instaló en un local de un viejo edificio de la calle Guillermo Tell de Barcelona, Antonio y Pere Xammar, un tipo polivalente que igual soldaba un bastidor que se marcaba una vuelta rápida, eran todo el equipo. Diseñaron y construyeron la primera Siroko durante 1978, tubo a tubo, partiendo del motor de la Yamaha TZ 250. Viajaron hasta Calafat para hacer pruebas, probaron con el motor Montesa 250…, hasta que se quedaron sin pasta para seguir el campeonato de España.

Pere Xammar y Jacinto Moriana

Eran tiempos difíciles, de incertidumbre política y economía titubeante, pero los emprendedores no entienden de pesimismos, y en esto de las motos los que persiguen sueños, algunas veces, se encuentran rodando para alcanzarlos juntos, el destino es caprichoso.

Jacinto Moriana, ojo de lince, cerró un acuerdo para que la Siroko corriese con los colores JJ, su escudería, con Mingo Gil y Xammar de pilotos.  Además de entablar próspera relación, liberó a Antonio de la organización y a Pere de la preparación de motores. Parecía una situación idónea, pero los resultados, escasos, no llegaron hasta el Superprestigio Calafat.

Para 1980 remodelaron todo el equipo, entraron los de Control 94 y Roberto Pérez mandaba mucho. Probaron con los motores de Bultaco y Ossa, y también con un Yamaha 350, organizaron una escudería JJ paralela en la que se incorporó Cardús junto a Gil, mientras Xammar y L.M. Reyes montaban las primeras. Pero se presentó Sito Pons, con 19 años acababa de ganar la copa Streaker, buscaba un chasis y venía con Manolo Burillo… Donde caben 4 caben 5, y la joven promesa acabaría montando otra Siroko.

La Arisco bicilíndrica corría que se las pelaba y Cardús, el hombre de JJ, decía que le faltaba motor a la Siroko-Montesa, mientras Sito afirmaba que su Ossa rotativa era el mejor “mono” del Criterium pero el bastidor… Trabajaron todo el invierno para montar en el Siroko multitubular de cromomolibdeno con cantilever, el motor rotax preparado por García Gascón. Con 92 kg en báscula era la más ligera de todas, una aceleración brutal y bajos impresionantes, una máquina con la que el destino brindo otro encuentro próspero entre dos gigantes, Cobas y Giró.

Antonio llevaba un tiempo esperando los motores rotax de Austria, la Derbi de Nieto de aquellos tiempos era un hueso duro y se había puesto por delante. Apretados, decidieron improvisar y montaron un rotax recién llegado en la moto de Reyes, para la carrera de Esplugues, pero rompió a la tercera vuelta. Al final sería Grau, en Alicante, daría la primera victoria a una Siroko-Rotax.

Precisamente Grau había sido implacable cuatro años seguidos con la Derbi 250, en 1980 fue Nieto el que ganó con ella, pero Derbi se retiró aquel año. Para la temporada 81, Nieto quedó libre y lo ficharon. Siroko ganó el campeonato de España y Sito el subcampeonato mientras Loris Reggianni perdía por un punto el campeonato italiano con una Siroko-Rotax. Hervè Guilleux, buen preparador, hizo un fenomenal cuarto puesto en Argentina y record de velocidad en el Paul Ricard.  

Enredados con la Siroko

Algunos pilotos pedían ya las competitivas Siroko-Rotax para correr el mundial…, pero cuando más luz se veía al final del túnel más oscura era la situación financiera de Recmo, principal sponsor. Manolo Burillo ya asumía la total participación de Sito Pons y Cobas, que necesitaba nuevos retos, dejó Siroko a finales de agosto de 1981 para empezar la etapa Kobas y enredarse con el monocasco y un montón de éxitos venideros.

Siroko no fue un proyecto que murió de éxito, pero murió cuando el éxito asomaba. Eso sí, nos dejó un regusto exquisito, una premonición de lo que Cobas llevaba dentro a punto de regalar al motociclismo. Y así empezó otra historia, una nueva etapa en la que, como los vinos de carácter, se iría reencontrando con aquellos que complementándolo le hacían ser mejor, probablemente el mejor de aquellos años por llegar en esta década delos 80’s.

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