A tope con más de 90

Para la mayoría de la gente normal, gente que no se agobia el día a día con inquietudes filosóficas ni problemas trascendentales, tipos como Noam Chomsky o James Lovelock simplemente no existen. Pero hoy os quiero contar algo de ellos, algo tan singular como que, con más de 90 años, estos brillantes cerebros, continúan en la vanguardia del espíritu crítico y el activismo para cambiar el mundo.

José Luís Sampedro

Como lo hizo nuestro José Luís Sampedro hasta 2013. Se fue con 96 años, con las botas puestas, comprometido con el cambio hacia una humanidad mejor. Implicándose en el movimiento 15M, escribiendo el prólogo a la edición española del libro ¡Indignados!, de Stéphane Hessel, un rebelde casi centenario. Escritor famoso y economista, Sampedro fue sobre todo un humanista comprometido. Nació en Barcelona y murió en Madrid y era tan miembro de la Real Academia de la Lengua como feroz crítico con la decadencia moral y social de nuestro indigno modelo occidental de desarrollo, el neoliberalismo descontrolado, el capitalismo salvaje que expande pobreza, miseria y desigualdad exponencialmente. En fin, la locura insostenible de un sistema contra las personas y el planeta.

James Lovelock

James Lovelock, científico independiente y multidisciplinar, cumplirá 100 años el próximo 26 de julio. Inventor y escritor prolífico que ha destacado la Hipótesis Gaia, la que visualiza a la Tierra como un sistema de vida autorregulado, una singularidad galáctica. Fue pionero en la medición de emisiones y componentes tóxicos en las regiones más remotas del planeta y, como otros, ha llegado a promover el uso de la energía nuclear para frenar en seco el abuso de combustibles fósiles ante la inminencia de alcanzar un punto de no retorno. En los 70´s fue de los pioneros que nos mostraban evidencias del cambio climático. Cinco décadas ignorando el problema nos han traído hasta aquí.

Noam Chomsky

“No deberíamos estar buscando héroes, deberíamos estar buscando buenas ideas”, una perla de Noam Chomsky, prestigioso pensador y psicolingüista, ha sido y es, sobre todo, un lúcido crítico del sistema. Camino de los 92 años, su análisis se ha convertido en punta de lanza del pensamiento contemporáneo progresista, un referente clave para muchos. Cree en la capacidad y creatividad humana colectiva por encima de individualismos y ha definido nuestro tiempo como la era de la sobreinformación, alertándonos de cómo, paradójicamente, nunca hemos estado tan desinformados. Otra de sus perlas: “La propaganda es a una democracia lo que la coerción a un estado totalitario pero la libertad de expresión es también para la gente que despreciamos, solo puede incluir a todo el mundo”.

El denominador común entre estos tres genios es que siguen en la pelea cuando su cuentakilómetros pasa de 90, hasta el infinito y más allá. Un derroche de esperanza y compromiso. Un ejemplo hasta para los que creemos que no vamos a ser capaces revertir la situación, para no matar la esperanza, imprescindible para vivir una vida sana.

En estos tiempos en los que lo mismo es un burro que un gran profesor, lo dice el Tango de Lisépolo, donde la manipulación y la falsedad masiva enmascaran la realidad, nos va a costar mucho tomar conciencia de que la Tierra no nos necesita. Nos hemos convertido en una patología, una enfermedad que el sistema inmunológico terrestre combatirá sin contemplaciones haciendo inhabitable el planeta para la especie humana. La naturaleza continuará su curso sin nosotros porque está preparada para evolucionar.

Si no lo impedimos, nunca habremos tenido tanto conocimiento para ser más idiotas. El pensamiento crítico que interpela la conciencia parece en vías de extinción y la capacidad para indignarse y rebelarse decae mucho a partir de los treinta. Por eso tiene tanto valor el ejemplo de nuestros tres nonagenarios. Pero no queda mucha esperanza en nuestra reserva, quizás todavía no vemos ese punto de no retorno por el retrovisor, pero la velocidad, la inercia que llevamos y nuestra incompetencia política y social colectiva parecen indicar que nos pasaremos de frenada irremediablemente.

¿Escapar hacia una vida intergaláctica puede ser la única esperanza del homo sapiens?

Todo y así, que no decaiga la esperanza, que no te agobie el probable futuro feo, vive el día a día, pero apretando por la causa. No dejes de pisar el freno en el consumo, compra proximidad, recicla, reutiliza, reniega del plástico, no te dejes engañar por la propaganda y la publicidad, come y vota lo más verde posible, recluta nuevos ecorebeldes…

Pero no creas que es una nueva religión, es solo el resultado de pensar en crítico, de ser responsables, porque nuestras decisiones y comportamiento no influirán en el destino de la Tierra, pero tienen mucho que ver con el nuestro.

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