Barcelona primero, las personas los últimos de la fila.

Según el estudio de TomTom Traffic Index 2018, Barcelona sigue siendo la ciudad española más atascada de España y a eso corresponde, lógicamente, ser la más contaminada por los humos del tráfico que quema combustible fósil en la ciudad.

Lo normal en Barcelona

A pesar de ser la ciudad de Europa con más motos, el bicing renovado y los chismes eléctricos que se han sumado a la rediseñada red de transporte público, la movilidad está imposible. Por cada viaje en coche, los barceloneses pasamos un 29 % de tiempo extra en atascos, de media claro. Casi dos toneladas de vehículo contaminante para desplazar, en muchos casos, a una sola persona. Es un serio problema que no podemos demorar, no hay duda.

Pero en contaminación Barcelona tiene un plus de liderazgo, según la ONG de Bruselas, Transport and Environment, Barcelona es la ciudad europea con la mayor polución provocada por los grandes cruceros, en un estudio que abarca a los 50 puertos más contaminantes del viejo continente. Ganamos tanto en emisiones de óxido de azufre como en los preocupantes óxidos de nitrógeno (NOx), las partículas sólidas que se cuelan en nuestro organismo con fatales consecuencias para la salud.

No todo el turismo es beneficio

Según el estudio, realizado en 2017, solo los cruceros atracados en Barcelona emitieron 32,84 toneladas de SOx, es decir 4,8 veces más que el que generan todos los vehículos particulares de Barcelona en el mismo periodo de tiempo. Sin embargo, las medidas previstas apuntan a las moscas, los ciudadanos, impuesto para entrar en la ciudad, prohibición de circular a los más contaminantes, no fumar en el coche… Yo estoy de acuerdo pero ¿qué pasa con los elefantes?

En la mayor inversión de su historia, el Port de Barcelona ha triplicado su superficie de operaciones y la Autoridad Portuaria decidió reconvertir gran parte de los muelles obsoletos para operaciones comerciales en “rentables” instalaciones para cruceros con el objetivo estratégico de ser líderes mundiales. En el negocio, navieras, operadores turísticos y marítimos aportan turismo masivo para que comerciantes, restauradores, taxistas y demás cuadren sus cuentas de resultados. Pero a la hora de valorar la rentabilidad de este negocio hay que introducir todas las variables.

Los 15 barcos mercantes más grandes del mundo contaminan como 760 millones de coches actuales. Los grandes buques, en nombre del beneficio, utilizan el combustible más barato, el de menor refinamiento y por lo tanto el más contaminante. La contaminación, por emisiones, vertidos…, que genera el transporte comercial y turístico, además del militar, va mucho más allá del impacto de los cruceros al mantener funcionando sus inmensos motores para generar energía.

Pero en ciudad como la nuestra, que ya tiene métricas preocupantes de emisiones y contaminación, la toxicidad se ha multiplicado a insostenible. Barcelona quiere ser primera en logística, industria, turismo, smarcity, diseño…Y claro, los aviones, el transporte más contaminante, pero ha aumentado un 70% sus emisiones en los últimos 20 años entre “viajes” negocios y turismo low cost que no encuentran límites.

Contaminación = Muerte

En la cuenta de resultados de negocio Barcelona no debe olvidar los costes que generan las muertes: entre 2010 y 2017 un promedio de 424 fallecidos por causas relacionadas con un exceso de partículas contaminantes PM2,5 (diésel), según ASPB. Así como los importantes gastos médicos y sociales por enfermedades relacionadas con los altos indicies de contaminación y calidad del aire. Las leyes marítimas son más permisivas en el Mediterráneo, pero cada ciudad decide hasta donde quiere pringarse y Barcelona incumple sistemáticamente la normativa europea y los límites recomendados por la OMS.

Seguro que los ciudadanos tenemos que apretar para cambiar el actual modelo de movilidad que nos envenena, aunque los taxistas que pululan buscando clientes, las empresas de distribución, reparto y demás y, sobretodo, las flotas municipales con el transporte público delante, deberían ser prioridades para dejar de contaminar la ciudad. Pero si ponemos primero lo primero, cruceros, grandes buques y aviones no pueden continuar así. No solo el turismo, la actividad comercial también debe tener límites, la salud. Es lo responsable y lo rentable.

Pero las Autoridades seguirán siendo perjudiciales para nuestra salud porque andan enmarañadas en el negocio con importantes compromisos financieros y, aunque hay iniciativas como buques eléctricos, instalaciones de placas solares para abastecer a los buques en puerto…, no parecen soluciones inmediatas ni suficientes como las que precisa la alarmante situación actual.

Ecoship, el crucero sostenible, quizás este listo para 2020

Es muy probable que los ciudadanos tengamos que decidir si conquistar el derecho al aire limpio para respirar o permitir que sigan gaseándonos, porque los políticos andan enredados en otras prioridades, en otro proceso. Y nosotros, los últimos de la fila, peleando por lo más básico.

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