La Britten

Una de las sensaciones de los 90,s fue la Britten, probablemente una de las soluciones tecnológicas sobre dos ruedas más avanzadas en aquellos días. Una moto innovadora que partiendo totalmente de cero resultó altamente competitiva desde el primer momento.

Imaginarás que detrás del proyecto hay una magamillonaría empresa, japonesa tal vez, con sus sofisticadas instalaciones y equipo de ingenieros que no repara en gastos… Pero no, nada más lejos de la realidad, esta magnífica superbike se diseñó y desarrolló en un isleño cobertizo del sur de Nueva Zelanda, cerca del hipódromo donde John Kenton Britten tenía su residencia.

 A veces la vida toca con una varita mágica un cerebro, lo convierte en singular, capaz de ver y proyectar cosas que la mayoría todavía no puede imaginar. John es uno de esos genios visionarios que además atesora los ingredientes de emprendedor, incansable en el persistir, habilidoso y polivalente mecánico y artesano, un coctel de éxito que supera debilidades extremas y da para alcanzar retos imposibles.

Disléxico e inadaptado al sistema estudió ingeniería mecánica, trabajó en carreteras, maquinaria pesada, vendió apartamentos de lujo… muchas experiencias diversas hasta que acabó enredado con las motos, una pasión que le venía de muy joven.

Cuando ya tuvo pasta, empezó tuneando su vieja Ducati 860, en 1986 y con Bob Denson y Rob Selby, de Denco Motor, se metió en la Aero-D-Zero, una Ducati con motor Darmah 900 y chasis Ceriani para acabar descubriendo que necesitaba componentes específicos, algo más personal y radical, un proyecto propio.

Su primera moto, una V1000 nació en 1988 y la V1100 de 171 CV y 144 kg con bielas y válvulas de titanio ya estaba lista poco después. Y así, con las manos en la masa, fundó en 1991, la Britten Mootrcycle Company, en garaje de su casa, para vivir con lo que le gustaba.

En su primera participación en la carrera de Daytona Supertwins de 1992, la Britten lideró la carrera con Andrew Stroud pero, en la penúltima vuelta, la batería impidió la primera victoria. El mundo motero, asombrado, mostró su respeto y admiración a la Britten, la victoria llegaría al año siguiente en Assen, inaugurando un palmarés espectacular de carreras en su categoría, no podía competir ni en 500 ni el SBK, que incluyen 4 records de velocidad hasta que dejo de competir en 1999. 

La Britten V1000 en Daytona

John era todo en Britten, un manitas que diseñaba con alambre para moldear luego con arcilla las piezas y componentes que fabricaba personalmente con fibra de carbono de elaboración artesanal. Se hizo un virtuoso cuando modelaba vidrio. Las ruedas, las horquillas y muchos componentes estaban fabricados con este material que entonces solo se utilizaba en la Formula 1.

El motor, un Suzuki V 2 a 60 grados de 999 cc y 5 velocidades, también lo evolucionó todo lo que pudo, culatas, toberas, escapes, doble inyección electrónica y una ECU, con componentes propios, totalmente programable. El radiador, en lateral bajo del depósito, dio un motor estrecho de 166 CV para 138 kg de moto capaz de superar los 300 km/h y las 11.000 rpm. Menuda bestia en 1991!.

Pero la revolución estaba por llegar, la suspensión delantera, tipo giratoria ajustable, actuaba independiente de la dirección, con un amortiguador delantero bajo la cúpula, accionado por dos trapecios de fibra de carbono. El amortiguador trasero no era menos innovador, por delante del motor para controlar la temperatura de trabajo.

Britten, otra manera de interpretar una Superbike

El excelente conjunto cúpula – depósito-colín y los guardabarros con toda la atención al detalle aerodinámico para integrar perfectamente al piloto de forma minimalista, el depósito envuelve las piernas y unos pequeños deflectores rematan las estriberas, todo en fibra de carbono, faltaría más. Una sencillez que dejaba a la vista las complejas soluciones de esta extraordinaria máquina que sorprendió al mundo que rodaba a principios de los 90´s.

En 1995, vito y no visto, un melanoma se llevó a John, con 45 años.  La vida puede también ser muy injusta, John no llegó a ver montada alguna de las 10 exclusivas unidades fabricadas por su empresa, pero a los moteros y a tantos otros que le manifestamos el mayor reconocimiento, nos dejó también una leyenda impagable, nos enseñó que otra manera diferente y mejor de hacer una moto, o cualquier otra cosa, es posible, si tienes el talento y persigues apasionadamente tu meta.

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