Los salvajes y felices 90´s

La caída del imperio soviético tras el derribo del muro de Berlín cerró los 80´s y dejó a EEUU como única superpotencia, el capitalismo empezó a desatarse en serio, las finanzas y la especulación se fueron convirtiendo en lo fundamental, las multinacionales multiplicaron exponencialmente su poder y beneficios al tiempo que la riqueza se fue concentrando cada vez más en menos gente para ir extendiendo, junto a la deuda, más miseria y contaminación por el planeta.

Por si alguien pensaba que el final de la guerra fría podía menguar la beligerancia mundial, la década empezó con dos importantes conflictos en 1991, la Guerra del Golfo para destruir en Kuwait e Irak los centros de control y supuestas instalaciones químicas, y en el mismo año, el colapso de Yugoslavia con la guerra de Bosnia que involucra en cruel y sangriento conflicto étnico-religioso a las seis repúblicas ante la incompetencia del resto de Europa. Paralelamente se inició la reunificación de Alemania y se buscó reforzar a la atónita Unión Europea que además iba deslocalizando industria, perdiendo plumas que volaban para Asía.

En el 92 llegó Clinton a la presidencia de EEUU mientras en Barcelona el alcalde, Pascual Margall, inauguraba las Olimpiadas. Barcelona se mostró al mundo como una ciudad atractiva y competente, y el mundo puso a Barcelona en el mapa internacional. La transformación de la ciudad en infraestructuras y paisaje fue espectacular, Aeropuerto, Rondas, Villa Olímpica, Estadio y Palau Sant Jordi en la montaña de Montjuïch, el Puerto Olímpico, los Hoteles… más de media ciudad se volcó con el lema “posat guapa” y Barcelona cogió impulso como ciudad amable, preparada, turística, tecnológica, emprendedora, amiga del arte, la arquitectura, el diseño, la innovación, la industria, vecina de la sostenibilidad y la solidaridad…, todo junto.

En 1996 el PP ganó por primera vez las elecciones. Durante la campaña nació la Aznaridad, un estilo bronco, histriónico, mentiroso y desleal hasta utilizar un relato partidista del terrorismo. Con un PSOE muy tocado por la corrupción y el terrorismo de Estado, Aznar se impuso tras 13 años de socialismo. Progresivamente, el terreno de juego se fue inclinando a favor de un neoliberalismo corrupto y descontrolado. En los 80´s se nos fue de las manos, en los 90´s se nos desmadró totalmente el país.

La derecha nacionalista catalana del incombustible Jordi Pujol (CiU) firmaba la gobernabilidad del nacionalismo español de Aznar, Pactos del Majestic, e insospechadamente, la autonomía catalana encontró desarrollo competencial con el PP al mando. Qué felices tiempos aquellos para la derecha, tan unidos y cómplices.

A la voz de “España va bien” los 90 son los años del despelote inmobiliario, la vivienda con Barcelona y Madrid por delante, multiplicó su precio exponencialmente. En poco tiempo se podía ganar mucho comprando y vendiendo suelo o pisos. Los especuladores se forraron y las inmobiliarias, también pillaron notarios, arquitectos, encofradores, albañiles, electricistas, fontaneros, marmolistas, carpinteros, pintores, electrodomésticos, sanitarios, ascensores, mantenimiento…

Además del enorme negocio y base de la corrupción para políticos, bancos y constructoras, el ladrillo generó mucho trabajo y sensación de prosperidad. La gente, ante el ritmo de inflación, se apuntaba a la espiral y se hacía con una hipoteca que, ya puestos , incluía nuevo coche, muebles… Los préstamos, cada vez eran a más gordos y a más años, prescindiendo de todo riesgo. Y así, enredados en este monopoli perverso, nos metimos con la burbuja bien inflada en el siglo XXI. Los que previeron los daños y los se enriquecieron mucho no nos dijeron nada antes y nada les pasó después.

Los 90 fue una década tan feliz como inconsciente. Con la euforia de las subvenciones y el impulso económico del ladrillo y la base del turismo fuimos consolidando la cultura del pelotazo. Se nos olvidó la industria para sobreinvertir en infraestructuras, instalaciones infrautilizadas y caras que ahora mantenemos con dinero público. Con una burocracia y control estatal, pero sin un plan estratégico global cada comunidad autónoma tuvo su puerto, aeropuerto, autovías, carreteras, puentes, zona logística, ciudad de congresos y exposiciones…Por si no había bastante inversión en cemento llegó el AVE, para entrar a tope en el nuevo siglo.

Las mafias también consolidaron su inversión en la península, las de la prostitución, muy ligadas al turismo y conectadas con las mafias de la droga. Además de consumidores palmarios somos la principal puerta de entrada a Europa. Si la cocaína fue la droga de las elites la heroína golpeó fuerte a muchas familias de barrios obreros. Y también brotaron las mafias de la corrupción de lo público, ligada a los políticos, bancos y empresas privadas corruptoras. Financiación de partidos, reclasificaciones, paraísos fiscales, prevaricación, puertas giratorias, nepotismo, impunidad… De la fiesta no se salvaron ni los sindicatos que se encontraron con la formación, ni la institución monárquica con su insaciable fundación.

Paradójicamente, con el tratado de Ámsterdam, Europa se convertía a en el mayor espacio de libertad, seguridad y justicia común de su historia, el mismo año que los liberales volvían al poder en el Reino Unido con Toni Blair poniendo fin a 18 años del partido conservador. Al año siguiente, 1998, los socialdemócratas de Schröder también ponen fin a la era Kohl en Alemania. Se firmó la paz en Irlanda del Norte y por eurorden del juez Garzón se detuvo al dictador Pinochet en Reino Unido mientras la OTAN bombardeaba Kosovo y se desataba la crisis financiera del sudeste asiático, nuevo aviso para navegantes.

Poco después de que Deep Blue, el ordenador de IBM, consiguiera ganar una partida al Campeón del mundo de ajedrez Gary Kasparov, en el 97, había nacido la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. Se inició la cartografía tridimensional del cerebro humano y la sonda de la NASA Mars Pathfinder llegaba a Marte. También apareció “el Niño” un fenómeno meteorológico para avisarnos muy en serio que algo está cambiando ya en el clima del planeta. En los 70 éramos 2500 millones, en 2050 seremos más de 9000 millones, otro enorme desafío inaplazable.

En los 90´s hubo también una explosión tecnológica de consumo. Hacíamos footing con el walkman hasta que llegó el mp3, y la televisión por cable, Canal + y el DVD sustituyeron al videoclub y los casetes. Internet se fue haciendo masiva, no había tarjeta sin e-mail y a mediados de la década la mayoría era de Windows 95 y los “raros” de Macintosh mientras Pixar proyectaba Toy Story, la primera película realizada por ordenador. Al final de la década no hay casa sin PC y con el boom del móvil y la euforia de la viagra nos metimos en el euro, en 1999, nunca nos habíamos sentido tan europeos y tan modernos, nunca hubo tanto Mercedes, Audi y BMW…por nuestras calles.

España no iba bien, pero vaya si lo parecía. Aunque fuera no andaba mejor, como afectadas por una viagra virtual, las nuevas tecnologías se hincharon en la bolsa y la década acabó con otra explosión, la de la burbuja de las punto-com, con la quiebra de numerosas empresas, víctimas colaterales y tal. Se asomó el mileurismo, demasiados avisos para navegantes.

También[R1]  hacia el final de la década, desde la batalla de Saetle,1996, se consolida el movimiento altermundista, otro mundo es posible, la reacción ante el gigante neoliberalismo globalmente descontrolado y perjudicial para las personas y el planeta. El movimiento congregó a un amplio y diverso conjunto de organizaciones y activismo que van desde más combativas como los antiglobalización hasta pacifistas radicales pasando por los verdes, animalistas, ecologistas, feministas, antidesahucios… que empiezan a tener presencia significativa en las instituciones europeas mientras las ONG salían como setas.

Así se acabó la década, el siglo y el milenio. Y de sopetón, en el nuevo XXI, nos encontramos todos pringaos en el mismo lodo que nos arrastra, una inercia de contaminación, calentamiento global y extinción acelerada, de perpetua crisis industrial por un modelo económico y de desarrollo obsoleto, de crecimiento demográfico, migraciones y conflictos crecientes con una situación social y política ya removida, indignada e incierta que se irá complicando más, seguro.

Pero la semilla de la revolución tecnológica sembrada en los 90´s ha ido floreciendo en estas dos décadas y está a punto de culminar, dominada por la Inteligencia artificial, en una biodiversidad tecnología y conocimiento conectado que revolucionará nuestras vidas muchísimo más allá de lo que lo hicieron la revolución agraria o la industrial. Es sin duda nuestra última oportunidad ante los enormes retos globales que tenemos y al mismo tiempo, la amenaza de crear el mayor monstruo contra nosotros mismos jamás pensado. Pero eso es otra historia, la de Barcelona 2039 quizás.


 [R1]

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