El eléctrico de los 90 que murió de éxito

Hoy, con TESLA como paradigma de la movida parece que la revolución del coche eléctrico es imparable. Pero esta es la historia de su antecesor, el primer eléctrico moderno que está a punto de cumplir los 25 años, casi un clásico vaya, un vehículo insólito y singular del que parece ser solo queda un ejemplar, convenientemente inmovilizado, el del Museo del Automóvil de California, esta es la historia del EV1.

El 15 de marzo de 2005, delante de un grupo de activistas que intentaban detener el despropósito, General Motors (GM) trituró en sus instalaciones los últimos EV1 que los conductores, vestidos de negro, llevaron simulando un entierro, perfomance en la que participaron los grupos ecologistas, de la salud y otras celebridades sociales. La industria del automóvil, la de sus numerosos componentes y la de las grandes petroleras movieron sus potentes lobbies contra aquella amenaza al beneficio. El Gobierno demandó a California por los EV1 y a propuesta de Bush se derogó la ley de cero emisiones (ZEV) de 1990.

Hay que ir hasta la crisis del 73 que demostró la enorme debilidad de depender demasiado del petróleo. Jimmy Carter (1979) puso la energía como prioridad estratégica, espoleó las alternativas y afirmó que EEUU nunca importaría más de los 8,8 millones de barriles/día que importó en 1977. Pero Ronald Regan (1981) desmanteló los paneles solares instalados para disparar el consumo. En 2005, cuando machacaban los EV1, ya andaban por los 13,5 millones. 

No se sabe bien cómo, más bien tarde y a contracultura ya, llegó el EV1, en 1996. No era ni pretendía ser un coche espectacular. Un bonito utilitario con baterías de plomo y una limitada autonomía de unos 150 km por carga. Algo que simplemente cubría el 90% de las necesidades diarias de los norteamericanos normales tipo casa acosada. La gente se enamoró rápido el vehículo que solo se podía alquilar.

EV1 de Generals Motors, 1996

Práctico, complemento perfecto para los grandes y sedientos coches americanos que podían quedar para otras necesidades. Genial para el típico americano residencial que por la noche lo cargaba en su garaje y lo usaba de aquí para allá durante toda la rutina diaria, el trabajo, los niños, la compra, el club… Había miles de personas en lista de espera y la gente pedía a GM que le vendiera el coche, cosa que no hizo.

Tardaron 2 años en colocar las nuevas baterías de Ovshinsky al que recomendaron no hacer publicidad de su innovación, la cosa andaba ya caliente. Poco después, en el 99, dejaron de fabricarlo, aunque no empezaron a retirarlos hasta 2003. GM ya había vendido el invento a Chevron-Texaco para que los destruyese, igual que había hecho la misma GM 50 años antes cuando compró los tranvías para desballestarlos. En contraprestación adquirió el megacontaminante Hummer y la industria más contenta que un perro con dos colas. Motomorfosis inversa.

Hoy, poco más de 15 años después, el cambio climático está a punto de hacer saltar todas las alarmas y complicarnos mucho la vida. Seguir vertiendo CO2 no es una opción inteligente. La presión ambiental y social será cada vez más fuerte, el futuro del coche eléctrico es solo un paso inminente hacia un cambio de modelo energético que no hemos sabido hacer por lo civil y nos tocará hacerlo por lo criminal, a última hora y en modo pánico.

La industria, ahora sí, ya se está poniendo las pilas, las grandes multinacionales asiáticas piensan alcanzar la cifra de 250 mil millones en 2025 con su inversión en gigafactorías que permiten intuir que habrá más que muchos coches eléctricos, se colocarán baterías en viviendas particulares, pequeños negocios e instalaciones industriales…

Tesla se metió pronto en la movida con su fábrica de Nevada pero Europa se plantea llegar lo menos tarde posible a la inversión en baterías. Ha iniciado una, Northvolt que ya está al 40% de producción, pero necesita unas cuantas plantas más para hacer los deberes. ¿Es mejor correr con riesgos de nuevas centrales nucleares antes que seguir generando energía por combustión hasta que las energías sostenibles alternativas puedan cubrir todas las necesidades? Pues empezamos a considerarlo, así estamos.

Pero el coche eléctrico no necesita ser más ecológico, es simplemente mejor coche, mejores prestaciones con menos consumo, mantenimiento, averías y gastos… Como lo serán en breve los autónomos inteligentes sobre los conducidos por personas, mejores.  Algo que ya está preparado para que se legisle, incluso ya hay algún prototipo de taxi-dron a baterías como en las pelis del futuro.

Harrison Ford es Blad Runner

Aunque el futuro hacia el que corremos cada día más rápido quizás no será tal como lo dibujaba “Blad Runner” en 2019, ese mundo inmediato que estamos esbozando, de contaminación, pobreza migrando, robots, inteligencia artificial, biónica, redes sociales que nos convierten en productos compulsivamente conectados al sistema, reingeniería genética, reconquista espacial…, es al menos tan inquietante como el que plantea en su enorme película el británico Ridley Scott.

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