Y Johnny cogió su café racer

La joven, poco más que adolescente, se dirige contoneándose hacia la Jukebox ajustándose la chupa de cuero negro que acaba poco antes de que empiece el ceñido tejano azul denim. El cristal de la moderna gramola le devuelve su imagen de media melena con las gafas de sol coronando su redonda cabeza. Su dedo, sin pensarlo, pulsa la letra y después se detiene sobre el número 3. Mira por la ventana y pulsa la tecla. La máquina, disciplinada, encuentra el disco, Rose se prepara para levantar el brazo, está a punto de empezar su canción preferida, “The vicous circle”. Seguramente no te suena pero diez años después, Elvis Presley la hizo famosa como “In the ghetto”.

Es una noche cualquiera de un verano londinense, casi a finales de los 50´s, el lugar, un antro poco recomendable lejos del centro, un viejo local de finales de los 30´s reconstruido deprisa tras la guerra. Abierto las 24 horas solía ser templo de camioneros de paso pero, hace poco, una nueva tribu de moteros se ha sumado a la fauna de este café de carretera. Tipos bienpeinados que bailan eso tan radical, el rock, descarados, con sus motos raras, transformadas por ellos mismos, acompañados de chicas de endiabladas caderas.

En el parking del Ace Café, bajo el puente que forma la autopista, tres jóvenes moteros, atentos, esperan la señal. Johnny escupe su “Real Ale” interpretando a James Dean, cazadora negra cruzada, mantiene a punto a golpes de gas su AJS 7R3 de tres válvulas. Desde que trabaja en el taller ha invertido ahorros y tiempo en la moto que compró en una subasta. Depósito de más capacidad, sillín monoplaza, manillar y estriberas racer, freno delantero doble leva y triple caro y un escape mejorado por su Jefe que con unos ajustes de carburación le hacen soñar con los 40 CV sobre su embrague nuevo reforzado.

Marlon en “La ley del silencio”

A su derecha, la Matchless G45 500 de George ruge con su orgulloso bicilíndrico. Acaba de salir afinada del taller donde ha montado nuevos amortiguadores más duros y ha cambiado neumáticos, siempre lo mejor “of course”. Su pasión es la moto, posturear a lo Marlon Brando en “La Ley del silencio”, rodar en grupo por Club 59, The Busy Bee, Johnson’s Café… No duda en invertir en su “queen”, la pintó completa tras instalar el conjunto cúpula-colín de lo más pijo del londinense motero. Y eso que no soporta a los pijos de los Moods con sus scooters, pseudomotos recargadas de innecesariedades.

A la izquierda de Johnny, la BSA Gold Star parece una moto nueva a la que le han robado el portabultos, los guardabarros y las tapas laterales. Pol la acaba de heredar de su padre que la tenía sin uso en un rincón del garaje. Una máquina excepcional, de prestaciones y comportamiento actuales. Y Pol un tipo hábil, en la preparación de motos y en la carretera, de los que les gusta arriesgar. Ha hecho carburadores, eléctrico, reglaje, aceites y frenos pero sería muy recomendable no apretar hasta cambiar los curtidos Dunlop. A Pol, buen conversador, le gusta hablar sobre carreras, la isla de Man sobre todo pero también del mundial en el que Geoff Duke había dejado Norton para seguir ganando con Gilera y…

El brazo de Rose apunta a la luna y deja ver una indiscreta curva en su vientre, la canción y la carrera empiezan a la par, los embragues trabajan a tope para que las motos salgan disparadas como boomerangs que huyen de Mac Davis. Tendrán que ir al punto convenido, dar la vuelta y regresar a Mac Davis antes de que su canción haya terminado, es el reto de hoy, un clásico.

Y hoy han tenido suerte también, han esquivado manchas de aceite y baches traicioneros que parecen dejar los camioneros para complicar la trayectoria de las motos. Tras el despilfarro de adrenalina, los jóvenes rockeros compartirán una “Stout” mientras Chuck Berry suena de fondo en la sinfonola. Al ritmo de “Johnny B. Goode”  las miradas clandestinas convierten a Rose en la reina de la noche camionera. 

Después, más tarde en la cama, Johnny soñará con ese nuevo árbol de levas cruzado ignorante de que Rose está embarazada. Él no lo sabe pero pronto estará casado y tendrá que vender la motocicleta para alquilar un apartamento. Cuentan que Mike Kennedy la compró de segunda mano para venir a España y fue la moto que  inspiró a Los Bravos en los 60´s. Pero no lo creas, es solo una anécdota que me acabo de inventar para compartir contigo esta última canción.  

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