La década pérdida

“Somos una especie que se autodefine “sapiens sapiens” pero tira 80 millones de toneladas de plástico al mar cada año, entre otras porquerías e imprudencias incluso peores”

La década pérdida es una mini trilogía sobre el cambio social que se está produciendo, las paradojas y contradicciones a las que nos enfrentamos en estos últimos años de la segunda década del XXI dentro de la metamorfosis profunda que se está generando a nivel mundial y consciente de la dificultad que tiene tomar conciencia dentro de algo que te arrastra.

No te preocupes, la semana que viene montaremos en una Clúa para regresar a los 50´s.

Las tres Españas (I)

Hace más de una década que se habla mucho de Cataluña, en realidad, una parte de Cataluña enfrentada a España, en realidad, a una parte de España que tiene su origen en Castilla, en realidad, esa parte de Castilla, heredera ideológica del Imperio monárquico-católico-conquistador y vinculada al franquismo, en realidad, un españolismo radical intolerante.

Esta visión centralista, inflexible, indivisible e inapelable con un estilo arrogante del gobernar imperial se extiende casi por media España. Un estilo para el que imponer es normal, someter, por la fuerza si el guion lo exige, humillar porque ganar no es suficiente para sus genes de guerrero implacable.

Hay casi otra media España que tiene otra idea de las libertades, de cómo gestionar la convivencia, que no cree necesarias ni convenientes las figuras de la monarquía o de la iglesia cerca de un modelo de gestión actual. Más comprometida con la igualdad y contra las desigualdades ésta casi media preferiría un modelo de convivencia y cooperación más maduro, racional y respetuoso con la diversidad de culturas, realidades y sensibilidades que darán siempre distintas maneras de entender España y Europa.

Hay una tercera casi media España. La crisis de 2008 la pagamos los ciudadanos pero impacto brutalmente en una buena parte de la clase de media. Muchas familias cayeron a niveles de pobreza límite mientras se multiplicaba la riqueza en unos pocos miles de personas y brotaba a borbotones la corrupción política. Muchos jóvenes, colectivo especialmente malparado, sobrepreparados y frustrados tuvieron que migrar mientras la mayoría de los que se quedaron malviven apretados un futuro incierto y a cara de perro.

Algunos la llaman la década pérdida porque empezamos ahora a recuperar estadísticas económicas pre-crisis. Pero hemos perdido más. Se ha instalado para quedarse una nueva clase, el precariado, los que trabajan para seguir siendo pobres, desenganchados, expulsados del sistema. Hemos perdido la mejor generación de jóvenes y muchas oportunidades.

El movimiento de indignación, que huye de los políticos tradicionales y se va a llevar a la Europa tradicional por delante, ha tenido variadas expresiones. La peligrosa versión norteamericana, el Trumpexit, el inquietante Brexit o la expansión del Ultradrexit, el populismo de la derecha más radical que está prendiendo en Francia, Alemania, Italia, Holanda…En España, tras el fenómeno PODEMOS, el VOXit ha sacado a los ultras de papá PP por considerarlo excesivamente blando.

En Catalunya, buena parte de ese movimiento de indignación se canalizó hacia el independentismo para alcanzar entre todos, hasta ahora y mal contados, la mitad de la población del territorio.  

El movimiento independentista en Catalunya va mucho más allá del nacionalismo catalán. De hecho, el centro-derecha catalanista (CIU), se incorporó por sorpresa al independentismo muy acosado por la corrupción y la indignación provocada por sus recortes, en defensa propia. La mayoría no nacionalista, los republicanos, los independistas pata negra, tanto los moderados (ERC) como los más activistas y radicales (CUP), ya venían creciendo desde 2010 cuando eran 4 gatos y la bandera.

¿Cómo empezó todo?, la verdad suele ser relativa, la realidad siempre tiene múltiples interpretaciones y a menudo muchas son buenas, otras malintencionadas.

Conspirando (II)

En una maniobra de enmascaramiento, para distraer la atención de la avalancha de corrupción que se le venía encima, la dirección del PP diseño un enfrentamiento político-social con el catalanismo. Un choque que poniendo en peligro la integridad de España justificaría la violenta defensa del Estado y reafirmaría al PP como líder absoluto del españolismo y de toda la derecha que empezaba a dividirse.

Como en una cruzada, el PP recogió más 4 millones de votos y logró tumbar en 2010, en el Tribunal Constitucional, L´Estatut aprobado en el Parlament y el Senado. Las declaraciones de los líderes significativos del bipartidismo fueron inolvidables para muchos catalanes. De la decepción y la humillación surgió la idea de la inevitable separación para escapar hacia un futuro mejor, mejor solos.

El sentimiento creció año tras año. Los independistas, que a principios de siglo tenían una mesa de camping con estelada en un rincón de las Ramblas, se multiplicaron exponencialmente, las manifestaciones, inéditas por masivas, pacíficas y persistentes sorprendieron a Europa y al mundo. El independentismo, batiendo records de popularidad y alrededor de un referéndum vinculante, logró conquistar mayoría parlamentaria y formar  un inédito gobierno en 2015 con algo menos de la mitad del voto.

Muy pocos para declarar nada parecido a una república independiente, demasiados para ignorarlos y no buscar alguna iniciativa política. Pero la táctica era otra, la reacción de banderas y nacionalismo español también fue creciendo con la agitación. La nueva marca del IBEX 35, Ciudadanos, la derecha alternativa por si las moscas, más moderna y limpia de corrupción, pescaba mucha expectativa del voto de un desgastado PP que además sufría las embestidas internas del sector más duro concretándose en VOX, auténtico macho alfa de la manada ultraespañolista.

Ante el inmovilismo del gobierno del PP, la gran maniobra de provocación, promesa y vinculo común independentista, fue la celebración, del Referéndum del 1-O de 2017. Un antes y un después. La respuesta desproporcionada de violencia estatal y la fugaz pero tan simbólica como ilegal declaración unilateral de independencia fueron tremendos errores que quedaron eclipsados con el encarcelamiento preventivo de líderes sociales y políticos, los exilios y un empantanamiento judicial tremendo que dificultará mucho el futuro de un conflicto que no puede tener vencedores ni vencidos.

El deplorable espectáculo organizado por la clase política tuvo otra cumbre cuando, tras la suspensión de la autonomía por el 155, el Gobierno central convocó elecciones catalanas el 21 de diciembre de 2017. Ciudadanos fue el partido más votado pero se renovó la mayoría y el gobierno independentista. Eso sí, muy divididos y bastante aturdidos por la respuesta del sistema al que no creían ni tan fuerte, ni tan rudo, ni tan insensato.

Entramos en bucle con la designación, en rebeldía desde el exilio, del eventual Torra, un desconcertante dirigente que busca el diálogo con un monólogo imposible y un abandono total de la gestión de gobierno prácticamente a la expectativa del tsunami que pueda generar el juicio.

Pero las repetidas inundaciones de corrupción acabaron por hundir al Gobierno de un M. Rajoy que dimitiría de todo tras la moción de censura, en junio de 2018, de un P. Sánchez que otra vez resucitaba e inopinadamente formaba gobierno en minoría apoyado por los partidos independistas y el nacionalismo vasco. Ciudadanos pedía elecciones mientras el PP, tambaleándose por la corrupción, la guerra interna y la pugnada sucesión, se rearmó por la derecha con Pablo Casado para instalar un radicalismo extremo, en sintonía con un Aznar cada día más mesiánico y apocalíptico. Dudo mucho que Casado, la copia, pueda ganarle votos en la radicalidad a Abascal, el original. Sin embargo, es muy probable que sí pierda algunas plumas más por el centro.

Las elecciones andaluzas de diciembre expulsaron, tras 40 años, al PSOE del gobierno al tiempo que inauguraban la entrada de VOX en la escena política pese a los esfuerzos de PP y Ciudadanos por ser mucho y más españoles. Hoy, España es el único país de Europa con tres partidos nacionalistas disputándose el voto de ultraderecha aunque parece que los indignados preferirán al antisistema, VOX.

Acusado a tres bandas de inconstitucional y golpista por los apoyos de BILDU y la CUP especialmente, el gobierno de ministras de Pedro Sánchez parece que se habitúa a la inestabilidad y el sobresalto sintiendo en el cogote el aliento de varios barones regionales cuya inclinación españolista para nada es menor.

Politicaficción

Los líderes sociales y políticos del independistismo, con más de un año de encarcelamiento preventivo que se alargará hasta el juicio, llegan con desproporcionadas acusaciones en una interpretación jurídica de violencia cuestionada dentro y fuera de nuestras fronteras. El reciente caso Marchena, que dimitió tras ser nombrado Presidente del Supremo por un acuerdo entre los grandes partidos antes de la votación de los Vocales que independientemente debían elegirlo, deja más que una duda razonable sobre la manera en la que el bipartidismo controla a la cúpula judicial implicada en el proceso catalanista.

Se dictará sentencia, probablemente en primavera de 2019. Sea la que sea, y será dura seguro, supondrá otro inmenso error que nos alejará más de una salida racional y beneficiosa del conflicto para seguir la senda envenenada. Una paradoja en la que los que quieren mantener la indivisibilidad del territorio empujan violentamente a Catalunya hacia fuera, en una de las peores hojas de ruta para España y para Catalunya.

Mientras el independentismo lucha por no resquebrajarse en este momento tan crítico, una parte del PDCAT, antigua CIU,  parece diseñar su propio derrumbe para sacar de la papelera de la historia a Aurtur Mas e impulsarlo como reagrupador del catalanismo conservador.

Así llegamos al final de  esta última década, muy alterados y con contundentes síntomas de agonía de la Transición, del Régimen del 78: La crisis de la monarquía, el desprestigio de los políticos profesionales, la politización de la cúpula jurídica y de los medios de comunicación públicos, el modelo de gestión territorial y la misma Constitución que un 80 % de la actual población no ha votado.

Quizás, para lo mucho que ha cambiado el mundo tras 40 años, aplaudiendo lo logrado, sería deseable ponerse a hablar de todo, a votar sobre lo que pensamos de España y de Europa para el futuro, de una manera ordenada y respetuosa, generosa. Tras 40 años de transición quizás ha llegado el momento de reformar la Constitución del 78 para los nuevos tiempos, incluso algunos piensan que es inaplazable reformar Europa para eliminar de una vez por todas los estados nación que impiden una Europa grande y libre, no con las manos atadas por nacionalismos y banderas, capaz de jugar en la liga de los colosos como China, EEUU…

Desde luego son tiempos de cambio pero no parecen tiempos de cortesía y raciocinio. Lo urgente, el poder inmediato, marca disputa, trifulca política en la miopía de un corto plazo marcado por el agotamiento de modelo económico mundial, el colapso medioambiental y la desigualdad galopante para migraciones masivas.

La deriva hacia un capitalismo financiero salvaje y descontrolado ha generado que el 90% de la riqueza se concentre en unos pocos provocando mucha miseria y muerte que empujan a cada vez más millones de personas a jugarse la vida en busca de alguna esperanza. Como las crecientes emigraciones, la economía o el calentamiento, el terrorismo y la seguridad, el crecimiento demográfico, la sanidad global… exigen un liderazgo y cooperación mundial del que estamos muy lejos por no decir alejándonos.

Deberíamos estar concretando un gobierno mundial efectivo y estamos en pleno derrumbamiento de una Europa que se divide, se cierra y se crispa. La influencia en decisiones colectivas provocadas por empresas como Cambridge Analytica a partir de las redes sociales nos muestran que sí hay una intencionalidad mundial. Pero los gobiernos y los ciudadanos de las democracias del mundo libre no tienen nada que ver.

Nunca antes habíamos reunido tanto conocimiento para ser tan ignorantes y tan torpes a nivel colectivo, nunca antes habíamos sido tan manipulables. ¿Lograremos salir de esta? No te pierdas la próxima década.

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