Il Ferrari, 1962

Hay muchas dimensiones en juego para valorar un vehículo clásico. La emocional pesa lo suyo pero hablando de pasta, de aspectos medibles en términos de inversión nivel top y legal, las métricas de mercado las marcan las casas de subastas como RM Sotheby’s.

Este verano, esta reputada casa, publicó, por 41.612.000 euros, la venta de una obra de arte de la ingeniería del desplazamiento sobre ruedas, un Ferrari 250 GTO, de momento el coche más caro vendido en subasta pública. Fuera de subasta, cuentan,  en el wallapop exclusivo para millonarios donde es más fácil regatear impuestos, se paga bastante más por otros modelos de este nivel de prestigio y valor.

Como puede serlo un cuadro, una escultura, un violín o un vino, este GTO es muy especial. La singularidad de esta unidad número 3.412 tiene argumentos contundentes aunque seguro que muchos no lo consideraran el mejor clásico deportivo.

El  historial  de guerra de los GTO es más que notable. Se inicia con el Campionato Italiano Gran Turismo 1962 con Edoardo Lualdi-Gabardi a los mandos, las Targa Florio  de 1963 y 64 y así hasta finales de 1965 en la Redex Trophy que ganó David Piper, coleccionando victorias y podios importantes.

Lualdi-Gabardi, íntimo amigo de Enzo Ferrari, fue también el primer propietario de esta unidad pura raza de las que, en la factoría de Maranello, solo se elaboraron  36 obras. Este Ferrari 250 GTO fue la tercera unidad,  la primera con carrocería Serie I, la de tomas de aire laterales, y uno de las cuatro que diseño Scaglietti con alerón trasero y el color favorito de la marca, rojo pasión, denominación de origen “rosso cina”. Un auténtico objeto de deseo con la presión añadida de no existir ningún otro ejemplar a la venta, una ventana de oportunidad probablemente muy difícil de repetirse.

Si el argumento historia te ha gustado, el mecánico ya te digo. Su motor original, un imponente V12 tipo 168/62 competizione, esta embalado, en modo conservación. La caja del motor iba en lote con el coche en la subasta.  Monta en su lugar un 250 GT especificaciones GTO, para darle caña sin aprensión en las carreras de clásicos de su categoría para la que está homologado y disponible para correr.

Esta maravilla de la tecnología de abril del 1962 ofrece sensaciones  y experiencias singulares más allá de poseer un objeto de admiración en la colección personal , más allá de haber atinado en una operación rentable con esos 41.000.000 que el tipo no sabía dónde poner. Disfrutarla al tiempo que cuidar la inversión es, para los más intrépidos, un argumento de diferenciación clave, un plus de valor determinante para una manera de entender y vivir la vida. Un coche para los que les gusta conducir.

En fin, los argumentos para sostener tan alta oferta ahí están, aunque parece que en esto de las singularidades que los humanos expresamos con talentos inauditos, mega-caras o no, el valor es el que cada cual quiera otorgarle. Pero el precio lo pone el que compra, el que paga lo que quiere porque puede y le da la gana. Y algunos participan con criterio propio, influyen, crean opinión, tendencias…

Otra cosa, cada vez más preocupante, es la multiplicación de millonarios que se ha generado en esta última década, una tendencia socialmente improductiva  cada vez más enredada en acumular sinsentido joyas, cuadros, vehículos o castillos, indolentes de lo que ocurre en el nivel supervivencia donde cada vez más personas fracasan de puro pobres. Pero eso es otra historia, o quizás la misma al otro lado del péndulo.

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